MAGAZINE ANIKA CINE
 
Perfil de JUAN ECHANOVE
por Manuel Márquez

Juan Echanove.

Peculiar la circunstancia de Juan Echanove –o, para ser más precisos, de mi opinión sobre él-. Generalmente, el reconocimiento de la valía artística de un actor suele ir ligado a un sentimiento de simpatía personal (cuando no de franca admiración). Así suele ser en la mayoría de los casos; pero no en éste. Juan Echanove me resulta, a consecuencia de sus cada vez más despectivas posturas acerca de casi todo lo que le rodea, profundamente antipático, pero no por ello puedo dejar de reconocer que me parece un actor muy bueno, extraordinario. Dicho queda, como aclaración previa.

Y no es que lo tuviera fácil, ni muchísimo menos. Echanove siempre ha sido "víctima" de uno de esos físicos que condicionan enormemente, y que suelen condenar a sus detentadores a un status de característicos sempiternos, pero, a base de trabajar mucho y bien para conseguir escapar de ese corsé (sin por ello dejar de explotarlo cuando las circunstancias lo han propiciado), ha logrado ir mucho más allá de esos papeles de gordito simpático (o no) en que podía haber quedado confinado.

Tras dos apariciones poco menos que episódicas en films como El caso Almería y La hora bruja, su primer papel de cierta entidad lo alcanzaba encarnando al pusilánime Matías de esa película tan pretenciosa (cuán osado el empeño...) como poco conseguida que fue Tiempo de silencio (1986). Pero no había de ser, curiosamente, el cine, sino la televisión, el medio en el que Echanove iba a obtener, ese mismo año, su primer éxito sonado, que le iba a catapultar a logros posteriores de mucho mayor calado: su Cosme (ese "pedete lúcido" con que el monstruo resucitado Galiardo se cebaba inmisericordemente) de Turno de oficio, abogadito novato y julandrón, puso su nombre bajo los focos y lo situó en las agendas de buena parte de los directores de nuestro cine.

A partir de ese momento, comenzó a encadenar, a ritmo frenético, un gran número de películas, en todas las cuales asumió un rol de peso, aun cuando no siempre fuera protagónico: hasta un total de trece películas, en los años que van de 1987 a 1992, con incursiones en todos los géneros y perfiles interpretativos de lo más heterogéneo, contaron con su presencia. Entre las más destacadas, títulos como Divinas palabras (que le proporcionó su primer Goya, como mejor actor de reparto), Bajarse al moro (un impresionante éxito de taquilla, en pleno boom de la movida y la comedia urbana), A solas contigo (haciendo, por primera vez y en una clara demostración de lo que podía dar de sí explotando ese filón, de malo malísimo: no consiguió su segundo Goya, pero a punto estuvo...) u Orquesta Club Virginia (una obrita menor, pero qué colección de talentos cómicos reunidos...): en definitiva, un cóctel denso, sabroso y variado.

Y llega 1993 y, con él, el papel de su consagración. Francisco Regueiro pone a su disposición ese personaje con el que cualquier actor sueño, como reto cuya superación te da acceso al panteón de los grandes: en este caso, nada menos que el mismísimo Francisco Franco, al que da vida en Madregilda. Su fastuosa interpretación del ínclito general le proporciona, además de dos premios de gran prestigio (la Concha de Plata al mejor actor en San Sebastián, y su primer –y, hasta ahora, único- Goya como mejor actor protagonista), el reconocimiento unánime de público, crítica y profesión, y, con ello, su confirmación definitiva en el estrellato cinematográfico nacional y un trampolín para más altas aspiraciones.

De todos modos, Echanove no enloqueció en tal circunstancia, y siguió cultivando una línea de trabajo muy similar a la llevada hasta ese momento: diversidad, intensidad y calidad como criterios básicos a la hora de elegir papeles. Así, participa, como actor de reparto (con un jugosísimo papel) en una de las mejores películas españolas de la pasada década (la increíble opera prima de Mariano Barroso, Mi hermano del alma –1994-); se convierte, por fin, en "chico Almodóvar" con su Ángel de La flor de mi secreto –1995- (aunque ni el personaje ni la película estén entre lo más granado del manchego de oro); y cuaja un excelente trabajo como psicópata peligroso en la curiosa y llamativa película de Mónica Laguna, Una casa en las afueras (1995).

A partir de ese punto, su carrera cinematográfica se ve sometida a un fuerte ralentización, como consecuencia de la combinación de factores tanto personales (su paternidad) como profesionales (sus cada vez más frecuentes y prolongadas incursiones en el teatro, donde también ha alcanzado cotas de éxito y reconocimiento altísimas), hasta el punto de que, del total de treinta títulos de que consta su filmografía, sólo ocho corresponden a ese periodo que va de 1996 al pasado 2002. Y, como hitos más señalados entre los mismos, hemos de citar los dos títulos que completan la trilogía de José Luis García Sánchez con su muy peculiar visión de la España pícara, de charanga y pandereta (Siempre hay un camino a la derecha y Adiós con el corazón, en 1997 y 2000, respectivamente), y Los años bárbaros –1998-, de Fernando Colomo, en la que efectúa una excelente actuación dando vida un jefe falangista a caballo entre lo chocarrero y lo patético.

Aun así, la trayectoria de Juan Echanove sigue desarrollándose sin prisa y sin pausa, encadenando trabajos y abarcando todos los terrenos, incluida esa televisión en la que tanto se viene prodigando últimamente pese a cuanto, paradójicamente, suele abominar de ella (como de tantísimas otras cosas en el campo de la política, las costumbres sociales o los hábitos culturales de este su –y nuestro- país, que tampoco, me parece, lo ha tratado tan mal...: gracias a ello, se ha labrado una sólida imagen de antipatía y repelencia en la que algunos quizá puedan ver la manifestación de un espíritu crítico o rebelde, y otros sólo alcanzamos a ver una lamentable falta de educación y de respeto por su público, al que tampoco, por supuesto, debe sumisión, pero sí algo más de consideración en el trato). Y así supongo que habrá de seguir, aunando a su madurez y veteranía un cada vez mayor dominio de los recursos actorales, fruto de trabajo y más trabajo.

Y, como ni aun en el terreno profesional es factible tenerlo todo, sólo quisiera finalizar con la petición de un favor muy particular (tras haberlo oído, hace ya bastantes años, "perpetrar" una interpretación de un tema de Chico Buarque en un disco en directo de Víctor Manuel y Ana Belén): creo que no lo ha vuelto a hacer más –al menos, públicamente-, pero, por si tentado se viera nuevamente a ello, de veras, Juan, no cantes, por favor, no cantes...

Por Manuel Márquez.

ENLACES RELACIONADOS
Web oficial de Juan Echanove
Entrevista a Juan Echanove en Anika Cine Magazine
 
 

Disfruta de la oportunidad de compartir opiniones sobre literatura en:

ESPACIO RESERVADO
PARA PATROCINADORES
(C) Anika Cine. Todos los derechos reservados a Ciberanika.com
Si sólo ves un frame, pincha AQUI.