Perfil de Carmelo Gómez por Manuel MárquezCARMELO GOMEZ.
Ay, Carmelo, ay, Carmelo... ¿quién se hubiera atrevido a pronosticar, viendo interpretar a ese mocetón garrulo que comandaba las huestes de lugareños enfurecidos contra la compañía de cómicos, en la legendaria "El viaje a ninguna parte" (1986), que ese chico de aspecto tan poco agraciado llegaría a convertirse en una de las figuras más solventes y asentadas del cine español actual?
Carmelo Gómez, aunque no gasta planta de galán al uso –ni por su belleza ni por su físico-, goza de un indudable atractivo: ése que, junto a unas dotes interpretativas más que acreditadas, le han llevado a ser una presencia frecuente en las pantallas cinematográficas de nuestro país. No es sólo una cuestión de calidad técnica: también hay versatilidad, honestidad y trabajo, mucho trabajo, porque, entre otras virtudes que le adornan, si hay algo que Carmelo Gómez transmite de manera inequívoca con su actitud es profesionalidad, a ultranza y sin fisuras.
Con 21 películas ya en su haber, en las que ha sabido conjugar apuestas por el cine más convencional con opciones mucho más arriesgadas (ha sido un actor de referencia para Julio Medem, en cuyas tres primeras películas – "Vacas" (1991), "La ardilla roja" (1993) y "Tierra" (1996)- asumió roles protagónicos), son ya numerosos los hitos importantes que jalonan su carrera.
El primero, con toda seguridad, es el de su interpretación en "Días contados" (1994), que, además del premio Goya al mejor actor principal de ese año, le proporcionó su primera oportunidad -más adelante vendrían las de "El detective y la muerte" (1994) y "Entre las piernas" (1999)- de dar réplica a otro monstruo de nuestro cine, Javier Bardem. El premio, ciertamente, era más que merecido, porque Carmelo Gómez ofreció una interpretación magistral, con una sobriedad que daba el punto óptimo –rayando la perfección- a su composición del personaje, ese terrorista que, desde su frialdad mecánica, se ve zarandeado por pulsiones instintivas que no es capaz de controlar.
Tras ésta que supuso su puesta en órbita, vendría el doblete con Pilar Miró, en dos películas tan diametralmente diferentes como "El perro del hortelano" (1995) y "Tu nombre envenena mis sueños" (1996), en las cuales, al lado de una exultante Emma Suárez, venía a demostrar su capacidad para adaptarse a registros interpretativos tan distintos y distantes como los que ofrecían sus personajes en ambas: de un noble cortesano renacentista, declamando versos para conquistar a su amada, a un frío y lacónico comisario franquista con un fondo de humanidad inocultable, Carmelo Gómez recorría el arco sin, prácticamente, despeinarse.
Y más y más títulos señeros se siguen añadiendo a su currículum, con el importante inciso televisivo de su participación en "La regenta" (compartiendo honores estelares con Aitana Sánchez-Gijón, le habría de reportar, junto al prestigio y el reconocimiento de la crítica, una popularidad que sólo un medio de difusión tan masiva como la pequeña pantalla puede proporcionar): ahí quedan sus interpretaciones en esa gran película intimista que es "Secretos del corazón" (1997), o ese duelo con Bardem al que antes hacía mención, pleno de momentos de gran intensidad, en el impactante thriller de Gómez Pereira que es "Entre las piernas".
No podemos dejar de mencionar, como digno broche de cierre a este rápido recorrido –que se ciñe sólo a las películas más relevantes- por una filmografía que podemos calificar ya de muy consistente, la que constituye muestra más clara de esa vocación de Carmelo Gómez de no encasillarse en esos papeles de hombre serio y circunspecto en que su perfil físico le hace encajar de forma natural, y que es su trabajo en una comedia de vuelos internacionales, como es "La gran vida" (2000), compartiendo cabeza de cartel con una estrella de Hollywood, como es Salma Hayek, y dando rienda suelta a una vis cómica que, hasta ese momento, había tenido escasas ocasiones de mostrar: es evidente que no le ha proporcionado (ni es previsible que vaya a hacerlo) la dimensión internacional de la que ya gozan sus paisanos Banderas y Bardem, pero supone un punto de arranque interesante y le abre nuevos horizontes nada desdeñables.
A punto de cumplir los 40 años (lo hará el próximo 2 de junio), este leonés es ya, sin duda alguna, un puntal de primerísimo nivel en el ámbito del cine español, y uno de sus valores más firmes, tanto de presente como de futuro, que aún debe deparar muchas horas de buen cine: en su espera nos quedamos.
Por Manuel Márquez.
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