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La Gaita: ni celta, ni gaita
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Vamos a adentrarnos en el curioso mundo de un instrumento verdaderamente antiguo, y no exento de sorpresas, como es de las gaitas, aunque tendréis que tener un poco de paciencia para llegar a descubrir el pequeño enigma que se encierra en el título.

Todos sabemos, con mayor o menor precisión, lo que es una gaita. Se trata de un instrumento provisto de un odre, o bolsa, que se llena de aire, mediante un soplado o, más recientemente, de forma mecánica, y que tiene una serie de cañutos. La mayoría de nosotros identificamos estos curiosos instrumentos con los pueblos celtas.

Y hablando de gaitas, un pequeño paréntesis. Siempre me ha llamado la atención la música celta; más que eso, sencillamente me gusta. Aún conservo algunos discos de vinilo, como tiene que ser, de un grupo denominado Gwendal y de un cantante bretón llamado Alan Stivell que es bastante conocido en los ambientes nacionalistas célticos. Tengo algunos más y de diferentes autores, aunque ya en CD.

Por supuesto hay muchos más grupos y solistas de gran calidad  pero, de estos dos, son de los que conservo un recuerdo especial. Por cierto que Gwendal (fundado en 1972), más que un grupo de música celta en el sentido estricto de la palabra, ha utilizado sus raíces para hacer composiciones evolucionadas hasta llegar al rock.

Si tenéis oportunidad no dejéis de escuchar alguno de sus discos, sobre todo los primeros, porque os gustará con toda seguridad y además os puede servir de introducción en la música celta auténtica, como fue en mi caso.

Por lo que se refiere a Stivell, es un bardo en toda regla, y ha conseguido una importante recuperación del folclore bretón. Incluso muchas de sus canciones están interpretadas en su complicado idioma natal. Ya me gustaría a mí ver al descomplicador lingüista Alex Grijelmo "descomplicando" la gramática gaélica.

En fin, entre las interpretaciones de Stivell hay una que tengo especialmente grabada en la memoria que se titula "Manifestación en Kimper" que es una auténtica maravilla y ciertamente reivindicativa.

Tiene nuestro amigo una voz muy peculiar y es de los pocos compositores que tocan el arpa como acompañamiento. Para mi gusto es de los mejores, aunque desde un punto de vista meramente folclórico es un heterodoxo.

Y a modo de inciso os contaré que Stivell ha sido el músico que más ha influido en esa maravillosa pelirroja canadiense de Manitoba, Lorena McKenitt, una de las voces más impresionantes y respetadas del celtismo, junto a Sharon Shannon y Mary Black, a las que habría que sumar sin duda a Dolores Keane y Eva Cassidy (también pelirroja), todas ellas de una belleza seductora.

Me parece que he respetado la cuota o incluso me ha pasado.


Y en definitiva, ¿quién no ha oído alguna vez a los gaiteros gallegos (Manuel Fraga logró en cierta ocasión reunir 1.500 para celebrar una de sus reelecciones), o a los escoceses en ocasiones tan dispares como una boda, un partido de fútbol o en pleno frente durante alguna batalla?

Así que llevado por el recuerdo de aquellos buenos tiempos reivindicativos en los que nos reuníamos en Villalar de los Comuneros, donde no faltaban los gaiteros zamoranos y de otras comunidades, para conmemorar, que no celebrar, lo mismo que los catalanes en su Diada, una derrota, me ha perecido interesante contaros, y de paso, aprender bastante sobre la gaita que, como todos sabemos, es una de las columnas en las que se apoya la música celta. Y tened paciencia que nos acercamos al final del engima-broma del título.

Porque, queridos fans de Vinilazo, la investigación sobre el tema deparó alguna que otra sorpresa, ya que, para empezar, la gaita no es ni gallega, ni escocesa ni siquiera de origen celta, como he creído durante años. En verdad que me empieza a preocupar seriamente mi ignorancia.

Incluso el propio origen de la palabra gaita tampoco está demasiado claro, porque para algunos tiene un origen germánico, concretamente suevo o suabo, geits o gaits, que en inglés se había transformado en goat (cabra) debido al tipo de piel que se usaba para el odre.

Además, una palabra muy similar a "gaita" aparece para denominar estos instrumentos en determinados países tan alejados de las tierras célticas como es Bulgaria, donde aparece como gaida, lo mismo que en Macedonia, o gajdy (la jota es como una i larga) en Polonia. En fin, les dejaremos a los de la sección de libros que investiguen.

Por si fuera poco el batiburrillo etimológico, lo cierto es que tampoco está muy claro de donde procede el intrumento en si mismo, aunque lo más probable es que sea del norte de la India o del sur de China. Así lo afirma, al menos, el gran musicólogo alemán Curt Sachs, que era una verdadera autoridad en estas cuestiones de los orígenes de los instrumentos de toda clase y condición.

Así que, aunque no se puede afirmar con total seguridad su procedencia exacta, sí se sabe que al menos existen vestigios de instrumentos similares, que podrían haber dado lugar a las gaitas, en un tiempo aproximado a 3.000 años antes de nuestra era, aunque también hay quienes afirman que ya en el siglo VIII antes de JC ya existían.

De forma que, pese a lo que durante mucho tiempo se ha creído por muchas personas, la gaita no tiene su origen en los pueblos celtas, ni siquiera por aproximación. Claro que ese equívoco tiene un cierta justificación -el que no se consuela es porque no quiere- ya que son estos los que, casi en solitario, han conservado su uso de una manera más diáfana de forma que escoceses, irlandeses, bretones y galaicos y astures la tienen, sin posible equivocación, como instrumento nacional, mientras que para otros muchos no es más que una pura reliquia y a veces ni eso, lo que no significa en absoluto que no aparezca en zonas tan distintas como Israel, Japón, Grecia o Rusia.

Vamos a dar por bueno, aunque con las debidas reservas, que procede, según la versión más extendida, del norte de la India, que de ahí pasó a Oriente Próximo y que por esa vía llegó a España, lo que significaría sencillamente que antes de llegar a los celtas ya había entrado en la península Ibérica.

O sea, el recorrido de la gaita sería a la inversa de lo que se creía.

¿Cómo llegó? Pues como suele suceder en estos casos; vía comercio o vía militar, o las dos al mismo tiempo, que también es posible.

Dicho sea de paso y sólo como apunte, durante mucho tiempo lo romanos utilizaron las gaitas, que llamaban tibia utricularis, para animar a los soldados a la hora de la batalla a causa, precisamente, de su sonoridad. Es decir, que como ya vamos viendo, la gaita era conocida en tiempo del Imperio.

¿Pudieron los celtas imitar a los romanos?  Es esta, otra cuestión.

Pero, por si no fue bastante la sorpresa de la procedencia de la famosa gaita, mayor lo fue saber que la gaita no es gaita, sino cornamusa, porque la auténtica gaita es un instrumento de la familia de los oboes.

Así que cornamusa, del francés cornemuse, que ya, en el colmo de mi ignorancia, sólo identificaba con un instrumento no precisamente musical y sí náutico, y que sirve para amarrar los cabos en los barcos. En fin, un desastre.

Este dato, por lo demás verdaderamente curioso, aparece en un excelente artículo de la "Revista de Folklore" que edita Caja España y que merece nuestra más sincera felicitación por su seriedad.

Así pues queridos amigos ya sabemos que la gaita, no es tal, y tampoco tiene su origen en el mundo celta, que era, como decían los antiguos profesores de ciencias exactas, lo que se trataba de demostrar.

Por lo que a nosotros se refiere, nos ocuparemos de la gaita/cornamusa en su versión céltica que es la que nos es más cercana y probablemente más conocida, gracias a la gran cantidad de gaiteros gallegos, asturianos, franceses y británicos que han dado a este instrumento una relevancia especial. No hay más que recordar a José Manuel Hevia o Carlos Núñez, cuyo prestigio ha traspasado con mucho las fronteras nacionales y, por supuesto, a los conjuntos de gaiteros de Galicia, Asturias, Gales, Irlanda, Bretaña y Escocia.

Por cierto que sólo en Francia se conocen 16 tipos de gaitas distintas.

En España tampoco andamos nada mal porque a las muy conocidas de Galicia y Asturias y algo menos la de Zamora, hay que añadir las del mediterráneo, (Baleares) y Aragón. En Portugal también hay una variante de gaita muy similar a la gallega.

Sin embargo, y de nuevo a modo de inciso, resulta curioso que una de las mejores investigaciones que se ha efectuado sobre el mundo de la gaita está a cargo de un periodista argentino de nombre Manuel Castro, descendiente de gallegos, que ha aportado una serie de datos verdaderamente interesantes. Él es precisamente uno de los que sostiene, aunque sin afirmarlo categóricamente, el origen indio de la gaita, aunque no dice que la usaran los encantadores de serpientes.

En todo caso, lo que sí me ha quedado claro, es que es un instrumento que en la cultura celta ha evolucionado bastante a lo largo de su dilatada historia, sobre todo si aceptamos que las gaitas proceden de las cornamusas. Estas no llevaban inicialmente esa bolsa u odre, donde su acumula el aire y eran solo un tubo con agujeros parecidos a una flauta o dulzaina.

Por lo que respecta a las gaitas o cornamusas europeas su evolución más importante coincide con el momento en el que la música se tonaliza, afirman diversas fuentes solventes y entendidas en la materia, que añaden que las mejoras introducidas en estos instrumentos, son en realidad consecuencia del intento de mejorar y facilitar su utilización.

Asimismo el uso del odre o bolsa hecha con piel de animal sustituyó a las que anteriormente eran de materiales rígidos (que en algunos sitios aún perduran) y éstas, a su vez, ha sido sustituida por bolsas fabricadas con goma.

El odre almacena el aire que dentro de él se insufla por medio de un tubo pequeño o boquilla dotado de una válvula interior que impide que el aire retroceda y escape. Al apretar ese odre, el aire sale por dos conductos que son un tubo cónico con siete agujeros en cuyo extremo superior (por el que primero pasa el aire) hay una pipa de doble caña que vibra. Otro, un tubo largo y cilíndrico a cuya entrada hay una caña con una lengüeta simple. Este tubo produce una nota tenida de tonalidad grave que hace de bordón a la melodía que se ejecuta en el puntero o tubo cónico, según explica el magnífico artículo de Caja España al que ya me he referido.

Por supuesto no todas las gaitas son exactamente iguales y entre una de las High Lands de Escocia, una gallega o una mallorquina hay notables diferencias, tanto su estructura como en su sonoridad. Según parece la más complicada de utilizar es la irlandesa. Preguntaremos al reverendo Pasley y a Gerry Adams ahora que se han puesto de acuerdo.

Hoy nadie se extraña de ver una gaita o de escuchar su característico sonido pero este instrumento estuvo a punto de desaparecer, precisamente por la caída del Imperio Romano, y no fue hasta el siglo XV cuando se recuperó para la danza y la música de concierto.

En fin, si os apetece y además tenéis un poco de tiempo os aconsejo que os acerquéis a Gijón, esa maravillosa ciudad del Principado de Asturias, en la que está abierto desde 1965 un estupendo museo de la gaita, en la que encontraréis muchas cosas interesantes. Además podéis aprovechar para comer unas buenas fabes y si el tiempo acompaña bañaros en la playa de san Lorenzo o subir a los lagos de Covadonga, que es una excursión que merece la pena.

Y para terminar ya os anuncio que seguiremos hablando de la gaita..."el misterio continúa".

Por Capolar
 
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