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Pues sí queridos vinilazeros, el rock and roll acaba de cumplir nada menos que medio siglo, cincuenta años o diez lustros, como prefiráis. Y sin embargo, parece que fue ayer cuando se pudieron oír los primeros sones de esa nueva música. O, en realidad, no era tan nueva...
Hace unos días preparando
mi página vinilazera de aniversario de este evento, que lógicamente
no podía pasar por alto, me topé con la opinión de
una experta israelí en la historia del rock que me dejó un
tanto asombrado. Para esta dama que se llama Sharona, aunque por sus opiniones
me parece que tiene poco que ver con Sharon, afortunadamente para ella,
Elvis Aarón Presley, que se puede considerar el primer roquero
de la historia, no es más que un vulgar copión de la música
de los negros del Sur de los Estados Unidos, que merecería ser desenterrado
y quemado. Os aseguro que es la opinión de Sharona.
Según la experta
hebrea, Elvis y su panda lo único que hicieron fue “robar”
los blues de los negros y limpiarlos, es decir adaptarlos al gusto de los
blancos. Para nuestra experta eso fue perder el poder y la furia del “blues”.
La verdad es que me dejó perplejo la tal Sharona, aunque luego comprobé
que sus opiniones son compartidas por muchas más perdonas.
Otros, quizá más benevolentes, prefieren decir que el rock es el resultado del encuentro de dos culturas que hasta ese momento habían vivido una de espaldas a la otra, cuando no abiertamente enfrentadas. Personalmente me parece que la versión de Sharona, aunque con las correspondientes matizaciones, es más cercana a la verdad.
Y me vais a permitir un inciso. Rock and roll es un término náutico que significa más o menos balanceo de embarcaciones. Parece que los primeros cantantes de gospel se movían de un modo similar al balanceo de los barcos y de ahí el nombre.
Los negros del sur de EE.UU. también se referían al acto de sexual con este nombre, si hemos de hacer caso de lo que dice un artículo de la revista Oasis Musical. En fin que, como podéis comprobar hay posibles orígenes para todos los gustos.
Pero
bueno, lo que está claro es que el rock, y eso lo sabéis
mejor que yo, nació efectivamente en los estados Unidos alrededor
del año 1953, con un marcado carácter anglosajón que,
con el tiempo, se va perdiendo para convertirse en una másica de
lenguaje mundial, casi galáctico. Lo que es cierto es que, inicialmente,
se quedó circunscrito a los Estados Unidos, donde supuso una auténtica
revolución. Revolución en el sentido político de la
palabra porque en ese país, que salvo zonas muy concretas, es bastante
reaccionario y conservador, ese tipo de música supuso una seria
alteración del modo de vida tradicional.
No parece poder afirmarse con la rotundidad que lo hace Sharona que el rock se limitó a copiar el blues de los negros sin más. A mí me da la impresión, aunque he de reconocer humildemente que no soy ni mucho menos un experto, que el rock es la síntesis de muchas más cosas. A veces –muchas- es blues, pero también es country y western. Por lo tanto se puede decir que es una mezcla de sonidos, una especie de simbiosis.
Creo que simplificar el origen
del rock nos llevaría a conclusiones exageradas como las que manifestaban
algunas organizaciones racistas del sur de los EE. UU, que señalaban
que “esa música” era rebajar al hombre blanco a la ínfima
categoría del negro. En fin, como digo en estos casos dejo la cuestión
para los eruditos. Lo mío es simplemente hacer algunos apuntes históricos.
Lo que sí es cierto,
y en esto la opinión es unánime, incluida la de mi Sharona,
es que Elvis Presley fue el designado por la fortuna para iniciar
el camino del rock and roll. Este chico, que nació en 1935, en un
pueblo llamado Tupelo (¡que cosas tiene la vida!) era en realidad
un pobre diablo. Un blanco pobre del sur, como ya dije en el caso de Jerry
Lee Lewis, el ídolo de nuestra protectora, es una especie de
ciudadano de segunda o incluso de tercera categoría. Sin embargo
tuvo suerte.
El 1953 había fallecido el mito del country Hank Williams y las casas discográficas estaban intentando sustituir de alguna forma al desaparecido. La cosa desde luego, no era nada fácil. No sólo por el hecho de que Williams era difícilmente sustituible, son por el hecho de que, además se quería dar un giro a la música que se estaba escuchando hasta entonces. La ecuación era más o menos esta: piel blanca con corazón negro, a la hora de interpretar, evidentemente. Y la suerte le fue entonces favorable a Elvis.
Interpretó una canción
que hizo furor entre las quinceañeras de la época y que le
aupó en poco días al estrellato de las listas de temas más
vendidos en Estados Unidos. El tema en cuestión no es otro que “Heartbreak
Hotel”. Esto tiene una explicación muy sencilla: Presley
tenía entonces poco más de 20 años y era un chico
de apariencia tínmida y hecho a sí mismo. Todo los chicos
comprendidos en esa edad y los de menor edad, incluso, se sentían
representados en él. El fenómeno en cierta medida era nuevo,
pues nunca antes había salido a escena un cantante para adolescentes.
Se puede decir que la música era cosa de personas mayores y serias.
En esto también hay
un poco del estilo de vida de los marginados de ese país. El eterno
sueño americano. Ese sueño igualitarista, que puede hacer
que un vendedor de periódicos puede llegar a ser presidente del
país, que un mecánico pueda ser el presidente de la mayor
compañía automovilística o que otro mecánico
(Elvis) pueda convertirse en el número uno de un nuevo tipo de música.
Lo que no puede aportar el propio Elvis, lo aportan los sesudos jefes de
las casas discográficas y, con este comentario, no quiero restar
mérito al mito.
Además, ese mismo sueño americano, era motivo de frustración en muchos jóvenes. En realidad sólo uno entre millones llega a ser presidente desde la venta de periódicos. Los demás no salen de la marginación y el único recurso es el que aquí llamamos el del pataleo. Allí y en ese momento fue el rock y la diosa fortuna puso a Elvis en el sitio exacto en el momento preciso.
Los
éxitos de Elvis fueron imparables en los tres años siguientes
a su debut y rinde buenos réditos económicos, con cualquiera
de sus canciones. La discográfica RCA (la semana pasada os conté
algo de ella) se hace con el contrato en exclusiva de Elvis (veis cómo
lo controlan todo) y logran vender millones de copias en todo el mundo.
Y tras la fama en la música el inevitable salto al cine, sólo
interrumpida para cumplir con su obligación en el ejército.
Ya es el rey del rock.
Pero la suerte es efímera y antes o después pasa factura. En la década de los sesenta empiezan a aparecer otros grupos y solistas que se hacen un hueco en el mundo del rock. Primero silenciosamente y después con estruendo absoluto. El caso de Beatles y de los Rolling. Y Elvis sin inmutarse, instalado en su comodidad de triunfador.
Y llegó el error.
El chico joven que representó a los inconformistas de una época
se alió con el enemigo de la libertad: Richard Nixon, uno
de los personajes más siniestros de la historia de los Estados Unidos,
urdidor de espionajes, golpes de estado y reaccionario a más no
poder. Elvis anunció su apoyo a la dura política internacional
del presidente Nixon y ahí empezó su caída en picado.
El 17 de agosto de 1977, murió como consecuencia de su desmedida
afición al alcohol y a los fármacos. Murió el mito
y murió el hombre. Esta vez la suerte le fue esquiva.
Por Capolar
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