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Danzad, danzad malditos
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Antes de comenzar con mi comentario de esta semana, quiero resaltar lo bien que ha quedado la página de Jerry Lee Lewis. Hay que reconocer que eso de poner fotos ha sido un puntazo y le da mucha más marcha a la historia. Así que temblad, libreros, temblad, que la sección de música está en primera línea. Bueno, al margen de bromas, hay que reconocer que ha quedado sensacional y muy innovadora.

Supongo que la mayoría de vosotros recordaréis una película que en su momento causó bastante impacto y que se titula “Danzad, danzad malditos”.  No voy a recordar el argumento que, en definitiva, era una crítica despiadada a la sociedad estadounidense que basa todo en el poder del dinero y  que no tiene escrúpulos en explotar a quien sea.

La película tenía, eso sí lo recordaré, como tema central un concurso de baile entre parejas. Me acordé de esta película como consecuencia de que el pasado jueves se celebró el Día Internacional de la Danza. Por fortuna creo que a nadie se le ha ocurrido repetir el famoso concurso de la película a modo de conmemoración.

En fin, que me puse a investigar sobre la danza en general, y os cuento algunas cosillas que me han llamado la atención. Algo que he constatado es que la danza está intrínsicamente unida a la historia de la humanidad y que, junto a la pintura, sea posiblemente una de las dos primeras expresiones artísticas de las que tenemos noticia.

Bien es cierto que, quizá, no se pueda considerar todo tipo de danza y de todo tiempo y lugar, como una expresión artística pero, desde luego, sí es una de las primeras manifestaciones expresivas del hombre. Es más, la danza existió antes que la música.

Y esto lo podemos saber gracias a las pinturas rupestres que se han encontrado en España y en Francia con más de diez mil años de antigüedad, y en las que se pueden ver personas danzando de forma ritual.

Incluso en la religión de los hindúes, por ejemplo, su creador, que sería equivalente al monoteísta de las tres religiones (Islam, judaica y cristiana) es un danzarín que se lama Siva Natarai y en los primeros tiempos del cristianismo el culto incluía danzas que, luego, como otras tantas cosas, fueron prohibidas de forma taxativa.

No es sin embargo, el Día Internacional de la Danza, una especie de rememoración de este arte en su faceta primitiva. Este día se instituyó en 1982 como homenaje a una personalidad mucho más cercana a nosotros y que fue el francés Juan Jorge Noverre, al que se considera el padre del ballet moderno. Desde luego, fue un gran impulsor del mismo pero tampoco hay que restar mérito a los que le precedieron. Sea como fuere a Noverre es quien se dedica este día.

Por seguir un orden cronológico, aunque esto no sirva en mi caso de precedente, está claro que las civilizaciones antiguas, como la egipcia, la griega y romana, o la incaica, tenían la danza como base de su cultura.

En aquella época la mayor parte de las danzas estaban relacionadas con ritos y ceremonias. O sea, que no tenían las discotecas cañeras que tanto gustan a algunos y algunas (y no digo nombres porque no me gusta señalar).

Parece que fueron los faraones los que instituyeron las danzas como hechos ceremoniales. Pero no os hagáis demasiadas ilusiones, que no me refiero a la danza del vientre, de la que tanto se habla, sino a ceremonias fúnebres y de alabanza de las deidades de esa civilización.

Los testimonios que han llegado hasta nosotros, a través de los griegos y los romanos que tuvieron contacto con los egipcios, nos dicen que las danzas eran muy complicadas y difíciles de ejecutar y que por lo tanto sólo las podían hacer profesionales. O sea, que supongo que ya había personas que sólo se dedicaban a bailar en ocasiones especiales y que, posiblemente, vivían (mal que bien) de ese trabajo. En una palabra, que ya existían las compañías de baile.

Como os he dicho, los griegos y romanos que viajaron por diferentes motivos a Egipto, entraron en contacto con su cultura y tomaron buena nota de lo que allí acontecía y lo trasladaron a sus respectivas culturas. Platón (el alternativo al prozac) es el responsable de que la danza se introdujera en la antigua Grecia y, lo que son las cosas, ese hecho dio lugar después al nacimiento del teatro. Pero, insisto, primero fueron, también en Grecia, las danzas ceremoniales las que se implantaron. En este caso en honor de los dioses y diosas del Panteón. Al teatro lo que es del teatro y a Platón lo que es de Platón.

Pero claro, pronto se pasó de las danzas fúnebres a otras más hedonistas y placenteras y, así, surgieron las llamadas ménades. Estas ménades no eran otra cosa que una “señoras” que de noche (¡cómo no!) Iban al monte (casualmente) a interpretar danzas en honor de Dionisio (Baco para los romanos) que como todos sabemos es el dios del bebercio, o sea del vino.

Así que, echemos un poco de imaginación a la cosa: una noche agradable, en buena compañía, danzando en honor de un dios que alienta la costumbre de beber, y los cuerpos dispuestos a la tentación. Claro, la fiesta terminaba en orgías en las que se interpretaban danzas con las que se alcazaba el éxtasis. Hay que reconocer que los griegos se lo montaban bastante bien en esto de los coros y danzas.

Los romanos también se mostraron entusiastas partidarios de las danzas y las utilizaron profusamente en actos religiosos y festivos hasta que fue puesta en entredicho, que por cierto significa prohibir, según el diccionario de la DRAE, a causa de ciertos recelos morales.

El caso es que, efectivamente, hacia el año 150 antes de Cristo la nobleza consigue que se eliminen las danzas e, incluso, se cerraron los estudios de baile. No me consta que los afectados cobraran algún tipo de subsidio.  El argumento es que la danza era sospechosa (no se dice qué) y peligrosa. Siempre ha habido tiranos y pacatos.

Pero ya se sabe que a grandes males grandes remedios y que la necesidad aguza el ingenio. Cuentan las crónicas que en tiempo del Emperador Augusto (el que lo era cuando nació Jesús en Belén) surgió un tipo de danza que sólo consistía en movimientos y gestos pero sin otro tipo de comunicación entre los danzantes. Es lo que hoy conocemos como mímica. Dejemos a los romanos con sus mímicas y vamos con los cristianos.

Yo, personalmente, diré a modo de inciso, creo que los primeros años del cristianismo no debieron ser especialmente opresivos. Veréis,  me da la impresión de que todo eso de las prohibiciones y de la castidad y del peligro de la danza y los bailes es muy posterior y que está poco relacionado con el mensaje primitivo de Cristo. Es una opinión personal pero que la sustento en algunos datos que he podido recabar.

Según lo que he podido constatar y en lo que se refiere a la danza, el cristianismo aportó, los movimientos rítmicos del cuerpo, la sexualidad y la sensualidad, algo que parece lógico si se tiene en cuenta que la religión cristiana procede de oriente próximo. Esto se mantiene así hasta el siglo IV aproximadamente.

Y ahora, tengo que hacer un ligero ejercicio de historia ficción. Cuando la iglesia cristiana consigue pasar a ser la iglesia oficial del Imperio, mediante el pacto de Letrán con Constantino el Grande, personajes como Agustín de Hypona pasan a tener una influencia decisiva. El tal Agustín de Hypona -y sigo con la suposición- había sido un pecador de tomo y lomo pero, influido por su madre (Santa Mónica), se convirtió en un personaje ascético. Y queridos vinilazeros, estaréis de acuerdo conmigo en que no hay nada peor que un converso. Pensad: ¿Quiénes son los más intolerantes con los fumadores? Los exfumadores, o quién persigue con más saña a los curas, los que fueron antes curas, y así todo.

Pues resulta que el tal San Agustín decía que no se podía tener permisividad con la danza porque era una apología de la sexualidad, la lascivia y el éxtasis. En fin, ¡cuantos seguidores ha tenido este obispo Agustín a lo largo de la historia!

Total, que tras una serie de años de tira y floja llega el gran Carlomagno y decide prohibir la danza, aunque según parece con poco éxito pues no le hicieron ni caso, ya que la danza continuó formando parte de los ritos religiosos de los pueblos europeos que, simplemente, los camuflaron con otros nombres y nuevos propósitos. Lo dicho, la imaginación al poder.

También es cierto que no siempre la danza ha tenido un carácter ritual o festivo-erótico. Durante la gran epidemia de peste negra que causó en Europa más de 50 millones de muertos en los siglos XI y XII surgió una danza que hoy llamaríamos macabra en que mediante una especie de convulsiones se intentaba expulsar el demonio de cuerpos supuestamente poseídos. Posteriormente la danza quedó en la memoria cultural de los pueblos y ya, sin en matiz comentado, se extendió por Europa.

Y así llegamos a unas de las épocas más florecientes de la cultura europea: el renacimiento, la época de Erasmo, de Tomás Moro, Luis Vives,  la vuelta a la grandeza de los clásicos, del hombre como centro del universo, del fin del oscurantismo y la incultura medieval. Evidentemente la danza no podía quedar al margen.

Fue en la corte de la gran Catalina de Médici donde se inicia lo que podríamos llamar las primeras formas de ballet, tal y como hoy lo conocemos. Esto fue posible gracias al mecenazgo de personas cultas que querían recuperar el teatro de los antiguos griegos, para lo que combinan la música, el sonido y la danza.

Baltasar de Beauyeulx es el primer creador de un ballet, con vestuarios especiales y una danza de grupo estilizada y ensayada. Estamos ya en el año 1581. Unos ochenta años después en Francia Luis XIV impulsa la creación de una academia de danza, con lo cual el ballet pasa a ser una disciplina artística que normas, que va evolucionando según los gustos de cada época. Son tiempos de más libertad  en la que ya incluso se empiezan a ver los bailes de parejas.

Sin embargo lo libertad a veces se abre paso con mucha dificultad. La Europa colonialista del siglo XIX invade con impunidad gran cantidad de países y se apropia de sus tesoros sin el más mínimo pudor. Al mismo tiempo, en vez de asimilar algo de las culturas de los países brutalmente expoliados se priven sus manifestaciones culturales y la danza no es una excepción. De nuevo una especie de actitud mojigata lo invade todo y las prohibiciones están a la orden del día.

Maravillosas danzas de Asía, de África o de los países de Oceanía son severamente perseguidas. Es el triunfo de la Inglaterra victoriana. El puritanismo, la hipocresía la represión...

Pero el mundo se enfrentó en una guerra devastadora, que nunca antes se había conocido: en 1914 las potencias centrales y las de la “Entente” se enfrentan en lo que después se conoció como la primera guerra Mundial y tras su final en 1918 era imposible volver a los esquemas de antes. Llegan los llamados felices veinte. La música africana y la caribeña se abren paso y las danzas de esos países llaman a las puertas o, mejor aún, se cuelan sin llamar en las sociedades de Europa y de América del Norte.

La Unión Soviética, con Paulova, como gran bailarina  da nuevo brillo a lo que ya es un arte. Compositores como Igor Stravinski, Claudio Debussy son auténticos revolucionario y nos llevan directamente al alba de la danza moderna. Son los primeros tiempos de la liberación de la mujer y eso también tiene su reflejo en la danza. Se rompen moldes, hay mayor capacidad de expresión, tal y como sucede con Isadora Duncan.

A partir de la década de los 50 la danza pasa a las salas de baile, llegan el rock, el twist y el estilo libre al que siguieron muchas más formas, maneras y estilos. Pero en definitiva, lo impotante es que sigue siendo parte de nuestras vidas.
 

Por Capolar
 
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