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LA SEVERA
por Alvar Mendes
Amar-te a vida entera não podia.
A gente esquece sempre o bem de um dia
Que queres, meu Amor, se é isto a vida*

Mi buen amigo Cátulo, italiano colaborador veterano de esta web, fue quien llamó mi atención sobre la misma, con motivo de la publicación en la sección de música de un artículo -que la inauguró- sobre el fado. Me sorprendió gratamente que fuera el canto portugués por excelencia, el tema elegido para iniciar El Vinilazo.

Me pareció, y aún me lo parece, un artículo interesante que acerca el fado a los lectores y que demuestra que, se diga lo que se diga, ese canto es una de las cosas más conocidas, junto con las mil formas de cocinar el bacalao, de Portugal.

Sin embargo, me extrañó que en el artículo no se hiciera referencia a una de las personas más interesantes del mundo del fado: María Severa. Aunque la explicación puede ser relativamente sencilla porque Amalia Rodrigues ha eclipsado, fuera y dentro de Portugal, durante mucho tiempo a cualquier otro fadista. Son muchos los que creen que el fado no hubiera tenido mayor importancia sin la existencia de Amalia, como el tango no hubiera sido igual sin  Gardel o el cante Hondo sin La Niña de los Peines.

La vida de María Severa, que es digna de haber pasado a los anales del romanticismo de perdición de Camilo Castelo Branco, o algún soneto de Florbela Espanca, ha sido llevada al teatro en más de una ocasión y con notable éxito. Una de las más conocidas y triunfantes versiones corrió precisamente a cargo de Amalia Rodrigues, en 1955, en el Teatro Monumental de Lisboa. Por supuesto también el cine y la TV han conocido los amoríos desgraciados de María Severa.

Supongo que, sin estos amores imposibles y tormentosos, Maria Severa no hubiera pasado a la historia y se hubiera quedado olvidada por completo, enterrada para siempre en cementerio del Alto de São João, según consta en su registro de enterramiento y que firma el padre Félix do Coração de Jesus, de la freguesía do Socorro.

María Severa nació en 1820 en una casucha en la parte alta de Lisboa. Su padre, que era gitano, se llamó Severo Manuel de Souza y su madre, una conocida prostituta de la Morería, Ana Gertrudis Severa (llamada la barbuda), es decir que adoptó como apellido el nombre propio de su marido. La Morería es uno de los barrios fadistas por antonomasia.

Según el autor Julio de Costa, la madre de Severa regentaba una taberna en Madragoa (1), que también debió de servir de burdel, según varios autores.

Algunos, especialistas en la historia de La Severa, que así se la conoció, decían que el hecho de que su padre fuera gitano, sobre lo que existen algunas dudas, es lo que dio a su hija una especie de belleza especial. Sea o no cierto, lo que sí es de sobra sabido es que la Severa debió de ser una gran mujer, “muy especial”, que causó más de un estrago.

Como era de esperar, dadas las circunstancias que la rodeaban, Maria Severa Honofriana entró rapidamente en la prostitución, según el autor citado en la propia taberna de su madre, donde se distinguió muy pronto gracias a su hermosura y a la habilidad para cantar fado.

Tuvo varios domicilios, por llamarlos de alguna forma, hasta que finalmente se estableció en la travesera del Poço da Cidade 35-A (rua do Capelao), en el citado barrio de Morería y que en aquel tiempo era muy visitado con asiduidad por los marineros portugueses y también de otras latitudes, siempre dispuestos a beber un buen vinho verde, escuchar una historia de amor cantada en un fado o dejarse acompañar a las estrellas por alguna Maria Severa.

Nos podemos imaginar la Lisboa de mediados del siglo XIX. Una ciudad portuaria, con los barrios perfectamente definidos, no tan sólo por su ubicación (altos o bajos), sino por su calidad y forma de vida y, donde las clases sociales están perfectamente identificadas y separadas: aristocracia, burguesía y proletariado marginal.

Sin embargo, al igual que lo que sucedía –creo- en España y también en Italia, frente al estricto y feroz clasismo puritano anglosajón, Lisboa, Madrid o Roma viven en otro mundo. El mundo de Severa, de Fortunata y Jacinta, el mundo del Trastevere...  La separación social existe, pero soterradamente hay mezcla aceptada. Muchos autores de los tres países, a los que hay que añadir a los maestros franceses, nos han legado páginas verdaderamente inolvidables, en la literatura y en la música.

Sólo en este especial contexto lisbonense de mestizaje se puede entender lo que le sucedió a María Severa. Por eso sólo aquí pudo nacer el fado y por eso sólo puede ser portugués.

Situamos entonces a la que ya es nuestra Severa, en las sucias y oscuras tabernas de la Morería, rodeada de ladrones, prostitutas, rufianes, cantando, soñando y amando. Llena de saudade, llena de dolor. Tenemos el escenario preparado para la tragedia, para el escándalo del que las gacetas de la época se harían eco. “Todo isto é fado”, como cantaría después Amalia.

La Severa, alta, delgada, de cabello muy negro y labios muy encarnados, cantó en la taberna Rosária dos óculos, al final de la rua do Capelão, y cuentan que políticos, artistas, intelectuales y burgueses fueron víctimas de su encanto. Puede ser una exageración o una leyenda convenientemente aderezada.

Tenho o destino marcado
desde a hora em que te vi
O meu cigano adorado.
Viver abraçada ao fado
morrer abraçada a ti
(Fado rua do capelão)

El caso más trágico, que sí es cierto, es que el noble conde Vimioso, aficionado a los toros y a la guitarra, fue uno de los seducidos por la bella fadista. ¿O quizá fue al contrario?

Aunque parece que Severa conoció al conde en la taberna de Rosária, también pudo ser en el café de Joaquín Silva, donde se reunía la gente de afición taurina, ya que, el tabernero era mozo de forcados y donde ésta cantaba con frecuencia.

Francisco de Paula de Portugal e Castro era el decimotercero conde Vimioso. Parece que era hombre apuesto, gallardo y con especial destreza para el toreo, del que debió de ser una figura importante en su época.

María Severa, también aficionada a las corridas de toros, quedó enamorada del conde y este no despreció, o posiblemente mejor sería decir, no desperdició la oportunidad de aprovechar las circunstancias para mantener una relación con la fadista. Sin embargo, el conde siempre señaló que para él, la Severa no pasaba de ser una aventura más de taberna.

Por contra, nuestra bella cantante sucumbió por completo ante Vimioso hasta el extremo de componer algún fado dedicado a su arte taurino. Alguna de sus letras aún se conserva. ¡Ójala todo hubiera acabado ahí!

Evidentemente los amores de Severa y Vimioso no pasaron desapercibidos en Lisboa y pasaron a engrosar algún fado. Lástima que el genial Eça no se ocupara del tema, porque nos habría dejado alguna obra inolvidable, como es El crimen del padre Amaro.

Severa acompañaba al conde al campo de Santana (allí estaba la plaza de toros),  donde es posible que encontrara la inspiración para que su guitarra entonara las melodías que ella misma componía para las letras de los fados que también escribía.

Entre tanto, Vimioso, no se ocultaba y, otras mujeres, le acompañaban en las tabernas de la Morería; tal vez era el destino de Severa ser como la María das Quimeras de Florbela.

Maria das Quimeras me chamou
Alguém.. Pelos castelos que eu ergui
P’las flores d’oiro e azul que a sol teci
Numa tela de sonho que estalou.

Cuenta Manuel Botas que Severa se quedaba a veces profundamente melancólica y que en ese momento cantaba con tal sentimiento que los que la escuchaban quedaban profundamente impresionados.

Vimioso acabó por dejar a Severa. Prefirió la compañía de otra gitana y la fadista quedó absolutamente desquiciada y sin ánimo para seguir adelante. En definitiva se cumplió –una vez más- la aplastante lógica.

Casa donde vivía La Severa    ~

Según un estudio médico del doctor Amaro de Almeida Maria Severa murió a causa de una tuberculosis pulmonar a los 26 años abandonada en un mísero burdel de su amada rua do Capelão. Fue sepultada en una fosa común y sin ataúd. Y algún tiempo después en la Morería tal vez se escuchó...

Morreu ja faz um ano
das fadistas a rainha,
com ela o fado perdeu
o gosto que o fado tinha...

Lo cierto es que Maria Severa entró en la leyenda. Se dice que ella fue la primera que empezó a cantar con chal negro sobre los hombros, algo que, cien años después, haría Amalia Rodrigues. También se cuenta que el escándalo que provocó la relación del conde con la fadista llevó a muchos a interesarse por este canto de origen incierto y que en la Morería y en Alfama dio sus primeros pasos.

En todo caso, los fadistas, estaremos siempre en deuda con Maria Severa.

A. Mendes (Lisboa)

• Florbela Espanca
del libro de Soror Saudade (1923)

(1) Madragoa es un barrio popular en la desembocadura del Tajo (Tejo) que debe ese nombre a que allí hubo un convento de las llamadas Madres de Goa.
 

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