LUEGO DE MARILYN
Le preguntamos a John Huston, en
su casa de Puerto Vallarta, luego de su melancólico recuerdo de
Marilyn Monroe, cúal era la relación de ella con otros artistas,
por ejemplo, con Montgomery Clift, y él responde de inmediato:
- Eran extraordinarios juntos; especialmente
en una escena muy larga detrás de una taberna, frente a un montón
de latas de cerveza y carros convertidos en chatarra; era una escena de
amor que no era una escena de amor, con un diálogo excelente, y
estuvieron magníficos.
- Usted ha dicho que Montgomery
Clift y Marilyn eran almas perdidas.
- Así lo creo aún.
Como Marilyn, "Monty" tampoco sabía que estaba enfermo y se comportaba
en forma desastrosa. Gable tenía un problema en la espalda y, en
una escena que transcurría en un rodeo, ambos entraban abriéndose
paso entre la multitud, y "Monty" lo hacía propinándole golpes
en la espalda por puro gusto. Gable le pedía que no lo hiciera,
pero él insistía, hasta que, finalmente furioso, se volvió
y le dijo: "Desgraciado, te voy a dar una paliza". Y "Monty" rompió
a llorar.
- Uno de los cuentos que se han
tejido alrededor de la cinta es que el ataque que acabó con Clark
Gable, fue debido a un esfuerzo que hizo en alguna parte de la filmación.
- Eso no tiene fundamento alguno.
Nació la historia debido a que en una escena Gable debía
luchar con el semental capturado, y salir disparado por los aires: hay
quienes creen que era él quien sufría el embate del animal,
pero, por supuesto, era un extra: de ninguna manera iba a filmar él
esa escena.
- Usted ha dicho que elige a sus
actores por las aptitudes que tengan para el rol.
- Así es; Brando, Burton,
Robert Mitchum, Bogart, Gregory Peck, Lancaster, Peter O'Toole, Albert
Finney, Newman...son actores que han llenado más allá mis
deseos imaginados para un film, y ninguno de ellos hubiera podido actuar
la parte que actuó el otro, porque cada uno está en "su"
papel.
- ¿Qué impresión
le dejó Clark Gable?
- El se consideraba un actor, no
una personalidad de la pantalla, y le agradaba recordar sus inicios como
actor de teatro. Conocía muy bien su trabajo; dos o tres veces le
insinué otra actitud para mejorar su personaje y él accedía
de inmediato, pero cada una de esas veces lo hice volver a su actuación
original, porque yo estaba equivocado. Cuando terminamos la cinta, él
dijo que era la mejor que había hecho en su vida, y murió
dos semanas después. Clark estaba perplejo por la conducta de Marilyn:
parecía que ella le había revelado un mundo para él
simplemente desconocido; no entendía lo que estaba sucediendo con
ella, pero creía que era algo espantoso. El alcoholismo de "Monty"
también nos tenía a todos impresionados. Debido a todo ésto,
es que mis recuerdos de "The Misfits" son en su mayor parte melancólicos".
- Inmediatamente después usted
filma "Freud", y vuelve a contratar a Montgomery Clift para el estelar.
- Así es. "Monty" era un
gran actor, y yo creí que sólo él podría interpretar
el rol de Freud. Cuando lo volví a ver se había desmejorado
a un grado alarmante, el daño que le hacía el alcohol era
visible; olvidaba las líneas, que jamás memorizó,
y luego hablaba incoherencias. Se volvió obstinado y petulante en
un intento de disimular su deterioro, pero estoy seguro que nunca se dio
cuenta de lo que decía en sus diálogos, si bien era un actor
suficiente como para hacer creer que sí lo sabía. Llegó
un momento en que no recordaba una sola linea, y teníamos que escribirlas
donde él pudiera leerlas, en las etiquetas de las botellas, en los
marcos de las puertas, en los objetos diseminados por el set de manera
que pudiera moverse en él, y llegar a un punto en que estuviesen
las lineas visibles, para que allí leyese. Hubo días en que
pensé estrangular a "Monty", pero luego me despertaba tanta piedad
y simpatía que terminaba por abrazarlo y él siempre terminaba
llorando, prometiendo dejar de beber. Era muy desgarrador verlo, a la vez,
cómo hacía todo lo posible para estar a la altura del guión.
Creo que llegó a la misma etapa de deterioro que Marilyn.
- Se dijo que su idea era, en verdad,
tener nuevamente juntos a Clift y Marilyn.
- Así es. Yo propuse contratar
a Marilyn nuevamente para que hiciera la parte de Cecilia en el film. Se
lo comenté a Jean Paul Sartre, que haría el guión,
y él me dijo que consideraba a Marilyn la mejor actriz que existía;
así es que cuando escribió el guión, Sartre lo hizo
pensando en Marilyn para el rol estelar femenino. Pero se opuso la misma
hija de Freud, Ana, diciendo que no era la más adecuada. Así
es que no pudimos contratarla. Más tarde, luego de haber visto el
film terminado, Ana Freud me confió que había cometido un
error.
- ¿Conoció a Sartre
en su primer viaje a Francia?
- No. Lo conocí en un viaje
posterior, creo que cuando filmábamos en París "Moulin Rouge".
Cuando viví por primera vez en París yo era bohemio y pintaba
a las orillas del Sena escuchando a Edith Piaf. El era comunista y antifreudiano.
- ¿Por qué Sartre
estaba en desacuerdo con Freud?
- Consideraba los estudios de Freud
valiosos por lo que habían aportado al conocimiento de la mente,
pero de poco significado social. Su desacuerdo era más en un sentido
social que científico.
- El que Sartre no estuviera de
acuerdo con la obra de Freud, ¿no le hizo pensar que volvía
incierto el objetivismo del guión?
- En un primer momento, así
lo pensé, pero luego recapacité, y al final fue su desacuerdo
la causa de que lo eligiera para escribirlo y no a otro. Porque consideré
que Sartre conocía la obra de Freud íntimamente, y sabía
tanto de psicología que su propia inteligencia le impediría
hacer un guión que no respaldara un enfoque objetivo y lógico.
- ¿Cuál fue su propia
meta al dirijir "Freud"?
- Pensé que tenía
que lograr un film que despidiera olor a azufre: el descenso de Freud al
inconsciente debía ser tan aterrador como el descenso de Dante al
Infierno.
- ¿Cómo se inició
su relación profesional con Sartre?
- Yo había dirijido su obra
teatral "No Exit" en Nueva York, años antes, y habíamos conversado
por teléfono para asuntos de derechos, nada más. No éramos
particularmente amigos.
- ¿Accedió de inmediato
a escribir para usted?
- ¡Oh, sí!. Y accedió
a trabajar en mi casa de Irlanda. ¿Sabes que Sartre era lo menos
petulante que pueda ser alguien?. Nunca le vi de mal humor, aunque, por
supuesto, no andaba haciendo chistes todo el día, pero era divertido
estar con él. Nunca conocí a alguien que trabajara con la
tenacidad que trabajaba Sartre.
- Dicen que tomaba nota de sus propias
palabras cuando hablaba.
- ¡Oh, sí!. Y hablaba
como un torrente, sin dar oportunidad de ser interrumpido. Yo creo que
nadie puede hablar de una conversación con él, porque era
en la práctica imposible: se le podía sorprender desprevenido
en algún momento y hacerle una pregunta, que respondía brevemente,
si acaso respondía, que no era lo frecuente, para reanudar de inmediato
su monólogo. Algunas veces, yo me desesperaba y salía de
la sala de trabajo, con su voz siguiéndome en la distancia, y cuando
regresaba, él ni siquiera había advertido mi ausencia. Era
muy agotador.
- Su aspecto físico, ¿cómo
era?
- Era feo a más no poder.
Tenía la cara picada de viruelas, los dientes que le quedaban eran
amarillos y usaba unos lentes de vidrios muy gruesos, porque sufría
de estrabismo. Usaba un traje gris, zapatos negros, camisa blanca, corbata
y chaleco. Estuvo dos semanas en casa y siempre vistió igual: nunca
supe si tenía un solo traje gris o varios idénticos.
- ¿Cómo era el sistema
de trabajo de Sartre?
- Comenzaba a escribir en la mañana
muy temprano, y a la hora que yo bajaba, ya tenía unas veinticinco
páginas terminadas. Escribía en francés y luego todo
me era traducido por su secretaria: una chica árabe políglota.
Era una escena aparte verlo trabajar: el mismo Sartre tomando notas, la
chica árabe tomando notas, otra secretaria que teníamos haciendo
volar las páginas de taquigrafía, haciendo intentos por escribir
todo lo que Sartre hablaba, otro amigo y yo intentando no perdernos nada,
tratando de llegar a sus ideas, agotados...
- Sin embargo, finalmente el guión
de "Freud" no es el escrito por Sartre.
- Cuando recibí su primer
borrador, eran más de trescientas páginas. Calculando una
página por minuto, hubieran sido más de cinco horas de película.
Hablamos de realizar varios cortes en el guión y él regresó
a París para hacerlos. Algunos días después me envió
su versión revisada. No me sorprendí al ver que era más
larga aún que el borrador. Le había dicho que no se preocupara
por la censura, ni por el lenguaje ni por el contenido de las escenas,
y parece que entendió que había una libertad total y no vio
ninguna razón por la que el film no pudiera durar ocho horas. Una
vez Sartre escribió un prólogo para un libro de Jean Genet
que resultó más largo que el libro mismo.
- ¿Qué reacción
tuvo Sartre cuando se le rechazó el guión?
- No se lo rechazamos, porque nosotros
se lo compramos y pagamos veinticinco mil dólares por él:
lo que hicimos fue trabajar el guión, cortando, ajustando, sintetizando,
lo que nos tomó unos seis meses, con Wolfgang Reinhardt y Charles
Kaufman, trabajando diariamente. También recurrimos a la ayuda del
médico David Stafford-Clark, un eminente siquiatra inglés,
quien se unió a nuestro equipo en Irlanda.
- O sea que la espina dorsal del
guión de Sartre constituía el nuevo guión...
- Así es; en algunas escenas
su diálogo había quedado intacto. El libreto final quedó
en alrededor de 190 páginas, lo que significó que el film
duraría poco más de tres horas. Al final, ya realizada, aún
los Estudios mismos editaron cuarenta minutos menos. Yo creo que la versión
larga es mejor que la que se distribuyó. Los hijos no siempre son
al final como uno los desea.
- Se dice también que esta
película le causó roces con la Iglesia Católica.
- ¡Oh, sí!. Tuvimos
que conseguir la aprobación de la Iglesia Católica de Nueva
York antes de proceder a la filmación misma; aunque ellos no podían
detener el trabajo, podían obligar a los feligreses a que no la
vieran. Me reuní con dos sacerdotes y una mujer y discutimos largamente.
Su oposición argumentaba que la posición de Freud no admitía
la existencia del Bien y del Mal, diciendo que sólo un sacerdote
tiene derecho a explorar dentro del alma humana; además la sola
sugerencia de la existencia de una sexualidad infantil les resultaba repugnante.
Por supuesto, no podía modificar el pensamiento de Freud para ajustarme
a tales prejuicios sin destruir el film por completo, por lo que no fue
fácil, pero llegamos a un entendimiento, el suficiente como para
que Universal siguiera adelante con la producción".
- ¿Conoce algo del cine
actual latinoamericano?
- No. No de los trabajos recientes.
Por supuesto que conozco, y bastante, en general lo que se ha hecho hasta
los sesentas, en que mi propio trabajo consume todo mi tiempo. Del cine
europeo puedo decir lo mismo, creo que en esos años se cortan mis
recuerdos.
- ¿Qué lee usted?
- De todo; por supuesto, guiones
en un porcentaje mayor, sin dudas. De los escritores latinoamericanos,
de los que yo he conocido, porque no todo está traducido y sólo
leo en inglés, me interesan muchos los cuentos de Borges, y me parece
que García Márquez ha significado un gran resurgimiento en
la vitalidad literaria; pienso que "Cien años de soledad" es lo
más importante que he leido en la última década; creo
que "El otoño del Patriarca" quedaría muy bien en cine. También
me agrada Manuel Puig. Conozco la poesía de Neruda, pero no soy
especialmente afecto a leer poesía, no en verdad. A mí me
conmueve la narración, eso sí que me conmueve. Hace muchos
años conocí a María Luisa Bombal, en Los Angeles,
donde ella llegó contratada por los Estudios; cuando nos presentaron
me recordó de inmediato a Anita Loss, otra célebre escritora
de Hollywood, aunque María Luisa era bastante más alta.
- ¿Trató usted a María
Luisa Bombal en Hollywood?
- ¡Por supuesto!. Todos la
tratamos. Tenía su oficina en el área de los escritores,
en la Paramount, que para todos era una zona sagrada, especialmente para
los directores, que cruzábamos hasta allá siempre sin saber
con qué nos podíamos encontrar. María Luisa, que comenzaba
a entrar en la madurez de su vida, y era muy inteligente, tenía
especial éxito entre los escritores jóvenes que rondaban
los estudios, intentando encontrar una plaza, los que sólo podían
entrar al área si iban a visitar a alguien específico. Así
es que ella siempre tenía su oficina con visitantes; podía
escribir rodeada de gentes. Se le había encomendado revisar el idioma
en varias cintas que se estaban traduciendo al español, cuando entró
el uso que hasta ahora se mantiene, porque antes se hacía una versión
de la película en inglés y luego otra en español,
que fue lo usual en los inicios del sonido. ¿Sabes que ella corrijió
la primera traducción que hicimos para filmar "The treasure of Sierra
Madre", la novela de Bruno Traven?. Era muy amiga de Dolores del Río,
que también era mi amiga.
- ¿Usted leyó "The
House of Mist" ("La última niebla")?
- Por supuesto, si llegamos a trabajar
juntos con María Luisa el script en Los Angeles, que iba a producir
Paramount. Pero no llegamos a hacer el film. Eran tiempos nada de fáciles
los de entonces en Hollywood. Se olía en el viento la proximidad
de la "caza de brujas" que se avecinaba. Años después del
fallido intento por hacer "The house of mist" en Hollywood, yo estuve dispuesto
a filmarla en México. Me llamó Dolores del Río, que
tenía los productores y me propuso dirijirla, con ella en el estelar;
yo acepté de inmediato, primero, porque conocía la obra,
y segundo, porque nunca había dirijido a Dolores. Sin embargo, al
final, Paramount, que tenía los derechos, no quiso ceder el script.
Nunca la han filmado. Hay muchos filmes que hubiera querido hacer. Hay
incontables libros que hubiera querido llevar al cine. Hay muchas cosas
que nunca trataré. Pero, en mi descargo, quiero decir que no siempre
filmé lo que quería. Yo no soy un hombre de fortuna que puede
producir su propio trabajo. Entonces, hay muchos aspectos que hubiera querido
tocar en mi trabajo cinematográfico, pero aún no puedo hacerlo,
y es probable que nunca lo haga.
- La historia de "The house of mist"
("La última niebla"), trata las debilidades de la naturaleza humana
aflorada bajo una circunstancia agotadora, muy propio a sus personajes...
- A mí lo que me atrae son
las personalidades que dicen algo con sus actos, que están en el
juego de la vida sometidos a todas sus reglas, que las desafían
o acatan, pero, entre tanto, están vivos. Sí, muchos de mis
personajes son personalidades destrozadas interiormente.
- Cuyo destino es irremediablemente
la derrota, o una victoria dudosa...
- Como es nuestra vida humana: irremediablemente
estamos destinados a morir, sin remedio, al final, seremos derrotados,
¿no te parece bastante como para lamentarse?. Yo sé de antemano
que jamás ganaré la partida, pero no significa que alguna
vez haya dejado de entrar al juego.
- En verdad, ¿qué
le resulta a usted admirable de lo vivo?
- Yo sólo admiro al individuo
que tiene un código y lo cumple, que se aferra rigurosamente a su
propia moral. ¿No es bastante?
- Sí señor, gracias.
Segundo encuentro.
Bajo el volcán:
He visitado a Huston en Cuernavaca,
en la misma casa en que el escritor Malcolm Lowry vivió sus últimos
días, donde el director de cine tiene una de las locaciones de "Bajo
el volcán", su última cinta. En un camino aledaño,
franqueado por una quebrada verde, Albert Finney iba y venía memorizando
sus parlamentos; en otro lugar de la estancia, al aire libre por el calor
que estaba sofocante, protegida por una sombrilla y vestida informalmente,
estaba Jacqueline Bisset, bellísima, sin dejar de reír por
algo que le narraba Emilio Fernández.
Nuestro amigo Emilio "el Indio"
Fernández es un punto y aparte (cualidad que heredó su hija,
la escritora Adela Fernández). A su profesionalismo une siempre
una actitud de lo más cordial con quien sea: tiene siempre abierta
su hermosa casa en Coyoacán para que sirva de marco a cuanta presentación
le sea requerida por los artistas que no tienen para pagar una galería
de arte o una sala de teatro. A su manera él siempre ha sido un
mecenas. Así, había conversado con él otras veces
en su casa, donde su hija Adela hace de excelente anfitriona. Ahora, el
mismo Indio Fernández ha sido el nexo para saludar a Huston: se
hicieron amigos en 1925, cuando éste visitó México
por primera vez, donde acabará volviendo siempre. El Indio le enseñó
las peleas de gallo, los toros, el mezcal, la tequila, las apuestas más
descabelladas, el amor por los caballos y el arte precolombino; juntos
se alistaron en el cuerpo de la caballería mexicana, logrando sobrevivir
a pesar de la atracción mutua por practicar una variante local del
juego de la "ruleta rusa". Fueron desmovilizados en 1927, manteniendo una
sólida amistad hasta ahora.
Como es usual en todas las
cintas que filma Huston, en las locaciones de "Bajo el volcán" hay
completa libertad de acceso para la prensa, con la que siempre mantuvo
excelente relación desde que fue defendido por todos los medios
de su país, en 1951, época en que se le quiso impedir que
rodara "La roja insignia del valor". Cuando Huston concede una entrevista,
nunca nadie de su equipo lo interrumpe: él recibe individualmente
y concede su tiempo sin enseñar el más mínimo apuro.
Cuando una pregunta no le interesa, la responde con un monosílabo
y él mismo cambia el tema. En todo caso, dudosamente se niega a
conversar con quien lo desee conocer. Esta disposición, entonces,
más la intervención del Indio, ha hecho posible que me reciba
en uno de los espacios interiores de la casa; yo imagino que ni debe recordar
que lo visité dos años antes en Puerto Vallarta, pero, recuerda
perfectamente, me llama por mi nombre y su saludo es muy amistoso. Es verdad
que Huston se desenvuelve normalmente con una majestad que a uno le rinde
de inmediato, quizás si por eso le dicen también "el viejo
león". A mi se me hace verdaderamente humilde, como son los grandes
hombres. Le comento que la novela de Lowry es casi una visión apocalíptica
de la vida. Y dice:
- Lo es en muchos aspectos, y es
lo que me interesó para filmarla. Conocí a Lowry aquí
mismo, en Cuernavaca. Antes de que él terminara la novela, que reescribió
varias veces, a partir de un relato corto en que el cónsul Geoffrey
Firmin hacía un penoso viaje en autobús por carreteras mexicanas.
Lowry demoró más de diez años en terminar su novela,
y debió hacer unas tres o cuatro versiones, hasta llegar a la definitiva.
El guión no ha sido fácil lograrlo, y se habían hecho
otros intentos por la belleza del libro; personalmente, debo haber recibido
unos cincuenta guiones antes de aceptar éste de Guy Gallo. Lo trabajamos
juntos, durante meses, en Puerto Vallarta. Hacer este film es concretar
una antigua aspiración que tenía desde que leí la
novela, y quizás antes, desde que conocí a Lowry, que era
un maestro.
- ¿Es una cinta de alto presupuesto?
- ¡Oh, no! Es una aventura.
Mis condiciones son abiertamente marginales. Trabajo rodeado de amigos,
que aceptan cobrar muy por debajo de sus honorarios habituales. El productor,
Michael Fitzgerald, me trajo la idea de Guy Gallo, y de inmediato supe
que era la manera precisa de filmar "Bajo el volcán". A Margarie
Bonner, viuda de Lowry, el encargado de conseguir los derechos de la novela,
Wieland Schulz-Keil, le ha pagado 350.000 dólares por ellos; el
gobierno de México ha aportado un millón y medio de dólares,
y la Fox y Universal han completado cuatro millones, que es una cifra modestísima
y el total con que contamos.
- Otra película suya filmada
acá en México, "El tesoro de Sierra Madre", se dice que es
su primera obra maestra...
- ¿Oh, sí?. No lo
sabía -dice Huston, y nos pregunta-: ¿Quién lo dice?
- Por ejemplo, la Academia en Hollywood,
que le dio por ella dos premios Oscar, por la dirección y el guión...
- Está bien. Y el actor Walter
Huston, mi padre, también recibió un Oscar por su trabajo
en el film. Más que por otra cosa, el haber trabajo en el film con
mi padre es lo que hace de "The treasure..." una de mis cintas más
queridas. Plantamos locación en las afueras de San José Purúa;
luego nos adentramos en las montañas para filmar exteriores. No
fue fácil encontrar el sitio más adecuado. Comenzamos trabajando
en Tampico y las cosas fueron muy bien al principio, hasta que un día,
cuando llegué a trabajar temprano en la mañana, esperando
entrar directamente en el set y comenzar la filmación, me encontré
a todo el equipo esperándome en la calle: supe que se nos impedía
filmar a causa de un artículo publicado en el diario de Tampico,
en que se decía que estábamos haciendo fotografías
de la ciudad con el propósito de avergonzar a México.
- ¿Se le ordenó que
suspendiera la filmación?
- Así fue. Pero de inmediato
se me acercaron otros periodistas de la ciudad objetando de manera enérgica
las razones, diciendo que, en verdad, era que el editor de ese diario estaba
acostumbrado a que la gente que llegaba le hiciera una visita y le pagara
una "mordida", como se dice acá tan graciosamente. Yo no lo sabía,
por lo tanto no pagué el soborno y él escribió ese
artículo. Un amigo de Gobernación, Miguel Covarrubias, me
habló por teléfono y dijo: "John, sé que nada de eso
es verdad, pero cuéntame sobre ello". Y le conté. Entonces
él y Diego Rivera, gran amigo mío, fueron con el Presidente
y le explicaron cuál era la situación, y ya no hubo más
problemas. De México estoy agradecido. Es un país al que
mi padre también amaba.
- En "El tesoro de Sierra Madre"
se dice la frase más famosa de un latino en USA: "Badges? We donït
have to show you no stinking badge!" ("¿Credenciales?. ¡No
tenemos que enseñarle ninguna apestosa credencial!"). Una frase
famosa en su país.
- Así es. La dice Alfonso
Bedoya casi al final de la trama. Y se hizo común en el lenguaje
de protesta de los universitarios norteamericanos. Aunque yo soy nacionalizado
irlandés. También he visto una obra de teatro chicana con
ese título a partir de la cinta. La he visto en camisetas y calcomanías,
sí que es famosa.
- ¿Qué le inspiró
de la narración de Bruno Traven para filmarla?
- Porque es una visión esencialmente
optimista. Porque, si bien es la historia del fracaso de tres hombres buscadores
de oro tras una veta, descubren que son capaces, a pesar de todo, pueden
seguir siendo ellos mismos por encima de las dificultades.
- ¿Es la interpretación
de la carcajada final de Dobbs, el personaje que hace Humprey Bogart?
- La risa en el desenlace es la
liberación del instinto y la expresión de su mayor triunfo:
han perdido el oro pero han conquistado su propia estima. Es optimista
porque es probable que seguirán buscando oro, que, aunque no lo
encuentren, la nueva aventura afianzará su dignidad.
- Entonces, ¿podemos decir
que "El tesoro de Sierra Madre" es la lucha de tres hombres por recuperar
su identidad?
- Así es.
Le comento que también parece ser "Bajo el volcán" una búsqueda
de identidad del cónsul Geoffrey Firmin creado por Lowry, y dice:
- Así es. Pero la búsqueda
del personaje de Lowry es un viaje interior, que fue lo que hacía
de éste un guión muy difícil. Porque no se trata,
en manera alguna, del drama de un alcohólico: es la heroica búsqueda
de un individuo en tierra extraña y, sin embargo, sensible a lo
nuevo que ve como si fuera algo conocido. A veces todos los lugares parecen
ser uno mismo. Sin querer desestimar las claves propias de cada sitio,
por supuesto.
- De esta obra de Lowry, ¿qué
le entusiasmó primero?
- Creo que el tema. Es un tema maravilloso.
Es la historia de un hombre en búsqueda de su verdad, enfrentado
a un mundo que lo sitia, que pretende imponer reglas y costumbres que no
lo hacen feliz. Es la historia de un hombre oprimido, pero que, en verdad,
hace lo que quiere. Siendo cónsul está fuera de la ley.
- ¿Cuál es su mirada
al respecto?
- Diré que es más
ética que moralista, más vital que reflexiva.
- La novela es algo esotérica,
¿le parece?
- ¡Oh, sí! Yo también
creo que es algo esotérica. Me pregunto si Dios, cuando terminó
su creación, habrá tomado unas copas para celebrar..."
.
Publicado en VOGUE-México
1981.
(c) Waldemar Verdugo Fuentes
waldemardante@yahoo.com
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