El cine uruguayo se sirve en las rocas
Es comunicador social, tiene 31 años y
supo ganarse un lugar en el nuevo cine rioplatense. El director de Whisky
y 25 Watts
habla de sus dos películas, renuncia a ser parte de la industria
cinematográfica y cuenta qué “política cultural” espera
del gobierno de Tabaré Vázquez
Entrevista
Pablo
Stoll jura que hace meses se especializa “en el arte
de contestar entrevistas”. Que esta tarea le impide encarar nuevos proyectos.
Que esta tarea lo aburre. Que quede claro: el contacto con la prensa lo
aburre y quiere que se note. Hecha la correspondiente aclaración,
este montevideano de 31 años se muestra dispuesto a conversar porque
hay Whisky
de por medio. Se trata de la película –que escribió y dirigió
junto a Juan Pablo Rebella–
que arrancó aplausos del público, cosechó laureles
en los festivales internacionales y consiguió la atención
del periodismo. Un trago que Stoll acepta digerir sólo porque viene
en vaso redondo y “en las rocas”.
Con la reconocida 25
Watts (2001) como antecedente, Pablo
y Juan
Pablo se convirtieron en los principales referentes del
cine uruguayo actual, título que renovaron con creces al presentar
su segundo filme. “25
Watts es la primera novia, Whisky
es una amante madura”, afirma Stoll,
en un intento por graficar su romance con la pantalla grande.
Las dos historias transcurren en Montevideo. Las
dos historias giran sobre tres personajes principales. En la primera, los
directores ponen énfasis en la abulia de los jóvenes de la
clase media baja. En la segunda, retratan la rutina y la soledad en la
vida de los adultos. “Nunca me puse a pensar en las similitudes entre
las dos películas, hasta que vi Whisky terminada”, comenta el director
y ensaya una explicación: “me parece que quisimos hacer una película
sobre otra gente y terminamos haciendo una película sobre nosotros
mismos de vuelta”.
Stoll
y Rebella
le imprimen a sus trabajos un ritmo propio basado en la repetición
de acciones aparentemente sin sentido y en la exacerbación de la
monotonía, un estilo que el director argentino Martín Rejtman
utilizó en Los guantes mágicos. Esta película,
al igual que Whisky,
surgió de la productora Rizoma Films. “Supongo que es una casualidad”,
sostiene el realizador, aunque aclara que “es un honor” que lo comparen
con Rejman.
“No considero que (estos rasgos) sean una
‘nueva tendencia’ en el cine. Cada historia tiene su tiempo y su forma
de ser contada”, afirma Stoll
y sostiene que “no existen las películas en las que ‘no pasa
nada’. En donde no pasa nada es en los noticieros y nadie se queja.”
Historia en Súper 8
Pablo
comenzó a trabajar con
Juan Pablo mientras cursaba Comunicación Social
en la Universidad Católica de Uruguay, de donde egresaron en 1999.
Dos años después presentaban 25
Watts y se llevaban el primer premio del festival
de Rotterdam. Para Stoll,
sin embargo, la relación con el cine empezó de chico, en
un cumpleaños infantil, cuando quedó petrificado al ver La
Guerra de las Galaxias en Súper 8. Con los años, Stranger
than Paradise de Jim Jarmusch, Labios de Churrasco de Raúl
Perrone y Punch-Drunk Love de P.T. Anderson, le marcaron la ruta
de la realización.
La decisión de dedicarse al séptimo
arte llegó a los 17 años, cuando Pablo
reconoció que “no sabía dibujar y no podía hacer
historietas”. Entonces se inscribió en un curso de video en
la escuela “Contraplano”, donde conoció a Gonzalo
Delgado, director de arte y co-guionista de Whisky.
Lejos del Súper 8 y de las historietas,
Stoll y
Rebella
hoy hacen cine en un Uruguay que dejó atrás siglos albirrojos
para renovarse con los aires del Frente encabezado por Tabaré Vázquez.
En contra del discurso de los cineastas que responsabilizan al Estado por
no apoyar la industria cinematográfica, Stoll
considera “de pésimo gusto juzgar a los gobiernos por los intereses
corporativos de cada uno.”
El director de Whisky
explica que “en Uruguay se hizo cine sin ayuda del gobierno y supongo
que se seguirá haciendo” y volviendo a la gestión de
Tabaré agrega: “Me parece que el gobierno tiene que tener otras
prioridades que apoyar al cine. La mejor ‘política cultural’ que
este (y cualquier) gobierno debería llevar a cabo es permitir a
todo el mundo el acceso a la educación”.
“Hacer cine en Uruguay es igual de difícil
que en cualquier otra parte”, explica Stoll,
pero se preocupa por remarcar que tanto él como Rebella
no están en una “industria”. Y cierra: “El fin de hacer películas
para nosotros no es vivir de ello. Cuando tengamos otra película
para hacer, la haremos”.
Milagros Barberis
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