CRITICAS DE CINE
SOLARIS
Por Travis |
A pesar de que he visto la anterior
adaptación que de la novela homónima de Stanislav Lem
hizo Andrei Tarkovski en 1972 y a pesar de que no puedo (ni quiero)
olvidar ese hecho trataré de no tenerlo en cuenta a la hora de hablar
de la cinta de Soderbergh.
Lo primero que me ha llamado la atención
en contra de algunos comentarios que he leído, es lo sorprendentemente
corta que me ha parecido esta película, casi creía estar
(hablando estrictamente en términos de duración) delante
de un episodio de una hora perteneciente a una de esas series de ciencia-ficción
y misterio del estilo de Outer Limits o Expediente X.
Esto es algo que curiosamente (por
lo general muchos filmes son acusados precisamente de lo contrario, es
decir de durar más de lo que deberían) va en perjuicio de
la película, sobre todo en el comienzo en el que tras un breves
esbozo que a base de escenas cortas ilustran la solitaria vida de Kelvin
se nos introduce de una manera brusca y acelerada en el escenario principal
de los hechos narrados, es decir en la estación espacial situada
en la órbita de Solaris.
Una vez allí tampoco es que
se invierta demasiado tiempo ni esfuerzo en explicar la situación
con la que Kelvin se encuentra ni tampoco cuál va a ser su relación
con los dos supervivientes que habitan la nave, a parte de esto me pareció
absurdo tanto el personaje de Snow como la forma que tiene de intepretarlo
Jeremy Davis que repite los gestos y muecas con los que ya nos castigo
en la horrible “El hotel del millón de dólares”.
Lo mismo cabría decir de otras
situaciones que se producen durante el desarrollo del filme como la utilización
de ese aparato exterminador de “visitantes” o el que al final resulte que
Snow es en realidad su hermano resucitado.
La impresión que me causa
todo esto la de que Soderbergh consideraba todos estos elementos
(incluida la propia “personalidad” del planeta Solaris) como meros accesorios
que ayudan a llegar a la situación verdaderamente importante, esto
es la relación que se establece entre Kelvin y Rheya.
Y es aquí por fin donde empieza
lo mejor de la película, la primera aparición de Rheya en
ese momento a mitad de camino entre la realidad y el sueño me resulto
extraordinaria al igual que todo el desarrollo posterior de esa mini historia;
el rechazo de Kelvin a lo que le está sucediendo, su posterior aceptación
y su esfuerzo por aprovechar la oportunidad que le ofrece este prodigio
para reparar los errores del pasado aunque para ello tenga que renunciar
a su racionalidad.
El uso de flahsbacks (incluído
los propios flahsbacks de la artificial Rheya, detalle encantador
por cierto) para explicar la vida en común del matrimonio en el
pasado me pareció no solo eficaz sino también otro de los
grandes aciertos de la película, en concreto el que ilustra el momento
en que Kelvin y Rheya se conocieron me resultó elegantísimo.
En resumen estaríamos ante
otro de esos relatos en los que la ciencia-ficción no es sino un
pretexto para abordar alguna de las grandes cuestiones relativas al ser
humano como el remordimiento, la incomunicación, la disyuntiva entre
deseo y realidad pero por encima de todo estaríamos ante una hermosa
historia de amor que constituye el núcleo de la narración,
lástima que la corteza que rodea a ese núcleo sea un poco
más defectuosa.
Por Travis
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