Magazine ANIKA CINE, criticas. LAS HORAS, por J. A. Pérez y Travis
MAGAZINE ANIKA CINE
[Leer crítica de Travis]
CRITICAS DE CINE
LAS HORAS
Por J. A. Pérez

La angustia de vivir

Nacionalidad: Reino Unido.
Director: Stephen Daldry.
Intérpretes: Nicole Kidman, Julianne Moore, Meryl Streep, Ed Harris, Stephen Dillane, Miranda Richardson, Claire Danes, Toni Collette, John C. Reilly.

Virginia camina con paso decidido en dirección al río. Sabe qué es lo que tiene que hacer y, prácticamente, no tiene dudas de que es lo más adecuado. El fantasma de su locura ha vuelto para quedarse. De hecho, nunca se ha ido del todo. Siempre ha estado ahí, acechante, esperando el momento oportuno para hacerse con el control. Se demora un poco escogiendo una piedra, la introduce en el bolsillo y se sumerge (tranquila, sin dudas) en las aguas, con la intención irrevocable de ahogar a sus demonios con ella.

Michael Cunningham escribió su novela Las horas en 1998. En ella, a semejanza de lo realizado por Virginia Woolf en La señora Dalloway, describe un día en la vida de tres mujeres. Un día como reflejo de toda una vida, con el libro de Woolf (que iba a titularse Las horas) como eje vertebrador de las tres historias.

Así, en la primera vemos a una Virginia Woolf (Nicole Kidman) que empieza a desarrollar lo que será La señora Dalloway, mientras intenta zafarse de la locura. Vive con su marido en el campo, lejos del Londres animoso por el que suspira y rodeada de una tranquilidad que la exaspera. Es un lugar que debe servirle de retiro, de descanso y que, en realidad, supone para ella una prisión.

En la segunda vemos a Laura (Julianne Moore), un ama de casa, embarazada de su segundo hijo, que tiene una vida perfecta (marido ideal, hijo cariñoso, toda clase de comodidades) que no desea. Al igual de la señora Dalloway, prepara una fiesta: es el cumpleaños de su marido (John C. Reilly). Ha empezado a leer la novela de Virginia y se siente tan identificada con el personaje que no puede dejarla.

En la tercera vemos a Clarissa (Meryl Streep), una mujer de nuestros días que prepara también una fiesta en honor de su mejor amigo, poeta y efímero amante (Ed Harris), al que cuida y soporta desde que contrajo el sida. Él la llama siempre “señora Dalloway”, porque su nombre es el mismo que el de la protagonista del libro de Virginia Woolf. Por eso y por algo más.

Las tres, se levantan, en épocas distintas (años veinte, años cincuenta, fin de siglo), casi por obligación, para enfrentarse al día que les espera. Las tres (si contamos a la señora Dalloway) preparan una fiesta. Y las tres viven una vida que no desean, en una prisión (creada o no por ellas mismas) de la que pugnan por salir.

Era difícil adaptar la novela de Cunningham al cine sin caer en la trampa de unas páginas en las que se refleja más el mundo interior de sus protagonistas que sus acciones y las causas que conllevan. Sin embargo, Stephen Daldry (Billy Elliott) consigue hacerlo apoyándose no sólo en el meticuloso, elegante y preciso guión de David Hare sino también en la soberbia actuación de todos y cada uno de sus actores.

A partir de esos dos puntos de apoyo, se sumerge en la vida de estas tres mujeres (cuatro, ya que Clarissa Dalloway es casi un personaje más) que parece que tienen una vida perfecta y a las que, en realidad, nada les va bien. Y lo hace con sobriedad, sin hacer uso de amaneramientos estilísticos innecesarios. Desliza con tacto su cámara tanto por el exterior como por el interior de cada una de ellas y convierte sus emociones, sus desdichas, sus deseos, sus dudas y sus vidas en una misma.

Pero esta película no sería lo que es sin la ayuda de sus actores. Todos ellos se introducen en la piel de sus personajes con convicción, y ayudan a darles forma y fondo. A pesar de que todos están bien, cabría destacar el trabajo de unas inmensas e intensas Meryl Streep y Julianne Moore, al igual que el patético personaje bordado por Ed Harris. Pero si alguien sobresale por encima del resto es una casi irreconocible Nicole Kidman que dota a su Virginia Woolf de fragilidad y una angustia de (y por) vivir que sirve de reflejo para los demás personajes.

Es una película en la que cabría destacar muchas más cosas, como su acertado montaje o la estupenda, preciosa banda sonora de Philip Glass. Es Las horas un film inteligente, envolvente, elegante, intenso, minucioso, bien rodado y magníficamente interpretado, al que su referente literario no supone un lastre sino un complemento. En definitiva, puede que estemos, sin el menor peligro de pillarme los dedos al decirlo, ante una de las mejores películas del año.
 

Por J. A. Pérez

 

CRITICAS DE CINE
LAS HORAS
Por Travis

            Para los que ya la han visto

Película desarrollada a partir de la poderosa idea de unir las historias de un día en la vida de tres mujeres en tres décadas y en tres ciudades diferentes bajo el hilo conductor de una obra literaria (La señora Dalloway) escrita por la primera mujer, leída por la segunda y vivida por la tercera.

La principal dificultad en las películas construidas de esta forma es conseguir equilibrar las diferentes partes de manera que no existe una descompensación, es decir que se dé mas preponderancia (ya sea por duración o por intensidad) a una de las historias en detrimento de las otras y perjudicando así al conjunto de la obra.

Creo que esta película no cae en ese error principalmente porque la parte de Virginia Woolf (Nicole Kidman) cede su protagonismo de forma natural a las otras dos debido tal vez a que por lógica el papel de la autora intelectual del relato que sirve como hilo conductor de la película debe ser necesariamente menos activo que los de aquellos que lo leen y se ven influenciados por él y más aún que el de aquellos que lo están viviendo.

Claro que he de confesar que quizás piense esto porque de todas las historias me siento más entusiasmado con las tribulaciones de Laura (Julianne Moore) en la aséptica y luminosa Norteamérica de los años cincuenta.

Además la historia de Virginia se ve un tanto perjudicada por el hecho de que sea Nicole Kidman quien la interpreta y no porque ella lo haga mal o porque su transformación física no sea convincente (nada que objetar a ambos extremos), el problema es que precisamente llama demasiado la atención (y por lo tanto nos distrae de lo que verdaderamente importa) el esfuerzo realizado con esa transformación de manera que nunca se nos quita de la cabeza lo extraño que resulta ver el bello rostro de Nicole sometido a ese tratamiento.

Pero dejando aparte esta cuestión me gustaría destacar especialmente dos escenas.

Una de ellas es la que me ha parecido la mejor de todas, me refiero a ese impresionante comienzo que une las vidas de las tres mujeres en un instante mágico más allá del tiempo y del espacio, el comienzo del día en el que Virginia escribe la primera frase que Laura leerá y que Clarissa (Meryl Streep) pronunciará.

La segunda escena tiene lugar cuando tras desvelarse el sorprendente giro del argumento que vincula las dos últimas historias (últimas en el aspecto cronológico se entiende) se produce el encuentro entre Laura y Clarissa.

En un principio esta vertiente de la historia no me parecía una buena idea, primero porque nos hace padecer una nefasta caracterización de Julianne Moore (que debe interpretar a una mujer de unos ochenta años aproximadamente cosa que ni el mejor maquillaje del mundo puede conseguir) y segundo porque este encuentro tiene más que ver con Richard (Ed Harris que al fin y al cabo es un personaje secundario) que con Clarissa.

No obstante resulta que este diálogo contiene la que para mí es la clave de la película: las tres mujeres luchan por liberarse de algo, Virginia de la locura y de la opresión que le supone vivir en la Inglaterra provinciana (de cuyos horrores tantas películas y libros nos han prevenido), Laura de una vida familiar insatisfactoria y probablemente de una identidad sexual reprimida y Clarissa de una destructiva dependencia tanto de Richard como de su propia personalidad orientada al sacrificio y a la complacencia de los demás.

Para escapar de su situación Virginia usa el suicidio pero Laura usa la fuga, le confiesa a Clarissa que la decisión de abandonar a su familia (a pesar de lo monstruosa que pueda parecer) no le causó el menor remordimiento, la moraleja parece ser el precio de la libertad es muy elevado pero que sin embargo vale la pena pagarlo, ¿Cómo afectará esta confesión a Clarissa ahora que la muerte de Richard la ha liberado? ¿Emprenderá ella también ese fatigoso camino? Tal vez sea demasiado tarde para ella pero no para su hija (que de algún modo representa a la siguiente generación de mujeres) pero esto es algo que ya no sabremos porque el largo y sustancioso día llega a su fin.
 

Por Travis

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