[Leer crítica de J. A. Pérez]
CRITICAS DE CINE
LEJOS DEL CIELO
Por Travis |
Dirección
y guión: Todd Haynes.
Año:
2002.
Interpretación:
Julianne Moore, Dennis Quaid, Dennis Haysbert, Patricia Clarkson, Viola
Davis, James Rebhorn, Celia Weston, Bette Henritze, Michael Gaston, Ryan
Ward, Lindsay Andretta, Jordan Puryear, Kyle Smith, Barbara Garrick, Olivia
Birkelund.
Producción:
Jody Patton y Christine Vachon.
Música:
Elmer Bernstein.
Fotografía:
Edward Lachman.
Montaje:
James Lyons.
EN CONTRA
Si la magia del cine consiste en
la habilidad del director (como digamos representante y elemento coordinador
de las labores del guionista, actores, director de fotografía, etc.)
para conseguir la implicación del espectador en la historia narrada,
esta película es un fracaso porque por lo menos en lo que a mí
se refiere no lo ha conseguido en absoluto.
El argumento describe la vida aparentemente
ideal de un ama de casa de clase media alta, ideal hasta que por casualidad
(en una escena por cierto bastante chapucera) descubre que su marido es
un homosexual reprimido. Al mismo tiempo esta mujer comienza a establecer
una confusa relación con su jardinero negro sin que quede muy claro
si este hecho es consecuencia del anterior.
Todo esto ocurre en la Norteamérica
de los años cincuenta y no por casualidad ya que según el
propio autor de la cinta esta es una suerte de homenaje a la obra del director
Douglas Sirk que realizó en esa década varios melodramas
(Imitación a la vida, Solo el cielo lo sabe)
de mucho éxito que son considerados además como emblemáticos
de esos años dorados.
Bueno, quizás sea éste
uno de los principales problemas que tengo con “Lejos del cielo”
ya que si ni siquiera me gustan los melodramas de Douglas Sirk ¿cómo
iba entonces a gustarme una simple imitación de su estilo?.
Porque de eso es de lo que se trata
y no es que estar influenciado por un director sea algo reprobable faltaría
más, pero sin ir más lejos de Sirk hay directores modernos
como Fassbinder o Almodóvar que también se
confiesan deudores suyos pero por lo menos estos dos realizadores adoptan
(que no imitan) su estilo para trasladar el tono de esos viejos melodramas
a su propio terreno.
Pero en el caso de la película
que nos ocupa las cosas no son así, es más, en algunas escenas
de interiores el parecido es tal que casi está uno esperando a que
en cualquier momento entre en escena Jane Wyman con un martini seco
en la mano.
Personalmente encuentro absurdo que
si sientes admiración por un director o por una forma específica
de hacer cine en una determinada época trates de hacer una suerte
de reproducción (más o menos como hizo en su día José
Luis Garci con You are the one) introduciendo únicamente
ciertas variantes que consisten en convertir un adulterio heterosexual
en un adulterio homosexual o en pintar de negro al personaje que interpretaba
Rock Hudson en Solo el cielo lo sabe y que son variantes
precisamente porque eran temas (la homosexualidad y las relaciones interraciales)
que en la época de Sirk no era posible acometer.
Bueno, lo cierto es que con a esta
pesada losa que afecta a la columna vertebral de la película se
añaden otra serie de lastres añadidos como es una banda sonora
(firmada por Elmer Berstein) apabullante, avasalladora y muy mal
engarzada con las imágenes que debería complementar, el típico
error que consiste en saturar de melodías empalagosas escenas que
sólo necesitan silencio.
Pasando al trabajo de los actores
señalar una actuación muy despistada de Julianne Moore
(Julie te mereces un Oscar pero espero que no te lo den por tu trabajo
aquí) a la que además apenas sí se puede vislumbrar
entre la maraña de pelo que le cubre la cara. No obstante hay que
reconocer que si tiene una escena muy buena, precisamente la que cierra
la película en la que con una expresión de su rostro de apenas
dos segundos consigue transmitir más que con los restantes 107 minutos
del metraje.
Por lo demás un Dennis
Quaid también en bastante baja forma y muy poco creíble
(tengo la desagradable sensación de que últimamente se dedica
a tratar de imitar los rostros de cemento que suele poner Harrison Ford)
y un Dennis Haysbert en el papel de negro bueno tan tópico
como todas las situaciones en las que su personaje interactua con el de
la Moore.
Todos estos elementos consiguen un
resultado que provoca una indiferencia total por lo que está
sucediendo en la pantalla y un deseo continuo de que la proyección
termine cuanto antes y esto es quizás lo peor que le puede
suceder a una película ¿o no?.
Por Travis
CRITICAS DE CINE
LEJOS DEL CIELO
Por J. A. Pérez |
A FAVOR
Vivir una mentira
Hoy en día, salvo para los
más cinéfilos, el nombre de Douglas Sirk representa
más bien poco. Sin embargo, durante la época dorada de Hollywood,
este director de origen danés era considerado como uno de los más
grandes y reputados creadores cinematográficos. Sobre todo en el
género en el que más se prodigó: el melodrama. Suyos
son, entre otros, títulos como Obsesión, Escrito
sobre el viento o Imitación a la vida, todos
ellos dramas intensos y de gran refinamiento estético, que suponían
un reflejo y una crítica velada, y en cierto modo irónica,
de la sociedad americana de la época.
En algunas de sus películas
Sirk deslizaba temas incómodos y muy difíciles de
tratar para la sociedad y el cine norteamericano de los cincuenta. Con
una sobresaliente elegancia y mucho tacto, retrataba la hipocresía
de una clase acomodada que, bajo una fina capa de aparente liberalismo,
ocultaba una marcada aversión ante la diferencia de raza o la homosexualidad.
Todd Haynes, realizador Velvet
goldmine, un film un tanto irregular y formalmente deslumbrante
sobre el movimiento musical del glam-rock de los setenta, se atreve
a rendirle homenaje a Sirk y a su cine con Lejos del cielo.
Para ello, rescata las constantes de aquel cine y las lleva un poco más
allá. Así, el espectador, se encuentra no sólo ante
una meticulosa recreación de aquella época y del estilo de
cine que se realizaba entonces, sino también ante una visión
moderna de su temática.
La falsedad de esa sociedad supuestamente
perfecta, que Sirk insinuaba a base de cierto cinismo, sale aquí
a la luz con mucha más intensidad. Y lo consigue Todd Haynes
sin perder por ello de vista el modelo que intenta imitar.
Para ello, Lejos del cielo
nos introduce en el seno de una familia de clase alta que vive en medio
de una aparente felicidad. El marido (Quaid) es un importante ejecutivo
y su mujer (Moore) es la esposa perfecta y madre ejemplar de los
dos hijos que tiene la pareja. Sin embargo, lo que parece ser la imagen
de la familia ideal, no es más que una tapadera tras la que se esconde
un gran problema. Maniatado por los convencionalismos y los prejuicios
(tanto propios como ajenos) el marido se debate en su lucha interior por
acabar con su latente homosexualidad. Tras ser sorprendido por su mujer
con otro hombre, ambos intentan solucionarlo yendo al médico para
curar lo que consideran una enfermedad. Ante esta situación, y al
no poder comunicarle a nadie este hecho por el qué dirán,
ella encuentra refugio en su amistad con el jardinero de la casa (Haysbert),
un hombre de gran sensibilidad del que poco a poco se enamora. El problema
es que él es negro, y eso no es algo que esté bien visto.
Partiendo de esta historia, Haynes
nos muestra cómo el mundo feliz de una mujer se derrumba a causa
de los convencionalismos. No sólo ella, sino todos los personajes
están marcados por una sociedad y un estilo de vida que sobrevive
a base de no mostrar su verdadera cara. Así, cada uno de ellos se
encuentra ahogado por un ambiente irreal, creado de forma artificial y
en el que los verdaderos sentimientos están cohibidos, sujetos por
leyes impuestas por una colectividad carroñera e hipócrita.
Julianne Moore (Las
horas) da voz y forma a esa mujer con la convicción y maestría
que la caracteriza, componiendo así cada uno de los trazos y matices
de un personaje complejo tanto en su forma como en su ejecución.
Es el suyo un personaje difícil, al que insufla vida con aparente
sencillez y del que sale airosa no sólo gracias a su composición
sino también a la ayuda del resto de un reparto en el que sobresalen
Dennis Haysbert y Patricia Clarkson.
Para finalizar, cabría señalar,
además de su más que correcto trabajo en la dirección,
el espléndido tratamiento visual logra darle Todd Haynes
a su película. Gracias tanto a la fotografía como al diseño
de producción, así como la música del veterano Elmer
Berntein, consigue recrear un estilo de cine que hace mucho que no
se veía en las pantallas y, sobre todo, enmarcar una historia repleta,
a un mismo tiempo, de pasiones reprimidas y profundas oscuridades.
Por J. A. Pérez
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