ARTICULOS
de ANIKA CINE.
LOS HEROES OLVIDADOS
David Pelegrín |
A veces pienso en el éxito,
concretamente en los diferentes factores que confluyen para conseguirlo.
Se me ocurren varios, y dispares. Lo primero, y puede que el más
necesario (si, has leído bien: “puede”) es el talento personal,
individual e intransferible; esa capacidad innata que reside en cada uno
de nosotros y que nos facilita el desempeño de la labor anhelada.
Muy ligado a esto aparece la voluntad, la entrega, la capacidad de sacrificio;
que es aquella habilidad que nos proporciona un plus de fuerza vital para
alcanzar la cima de lo deseado, el carecer por completo de esta virtud
nos condena directamente al pozo, por el contrario aquel que la tenga desarrollada
nunca bajará los brazos, y muchas puertas le serán abiertas,
porque aunque bien sabemos que no siempre está a nuestro alcance
todo, los que siguen adelante siempre se quedan más cerca de la
meta que los que nunca lo intentaron. Hasta aquí lo que depende
de nosotros, y una breve reflexión nos bastará para darnos
cuenta que hay muchas más cosas, que escapan a nuestro alcance,
pero que intervienen en nuestro destino, para bien o para mal, un ejemplo
inmediato es la suerte, o el estar en el momento preciso en el lugar adecuado,
cabe decir que es más lógico que la suerte esté con
quien la busca, pero lamentablemente no es así siempre. Por último
están otros elementos, no demasiado éticos, tal vez; a saber:
buenos contactos, patrimonio y/o influencias, poseer una cara bonita o
el saber a quien adular y a quien pisar o quitar del medio.
Pero vamos a hablar de cine, que
es el perfecto lugar para ejemplificar todo lo anterior. Para empezar sólo
hace falta haber visto algunas películas, preferiblemente comerciales
(si son americanas, mejor), y ser un poco, sólo un poco avispados,
para darse cuenta que hay ciertos “actores/actrices” que, eso sí;
poseen la belleza que para sí quisieran los mitos griegos; pero
que eso de interpretar, transmitir emociones, sentimientos y demás
lo llevan un poco mal (afortunadamente esto no es siempre así).
Y es que parece, que para ser actor, cada vez importa menos saber
actuar, y cada vez más saber vender. Y en este punto he de romper
no una lanza, sino muchas, muchísimas, a favor de los eternos aspirantes
a intérpretes, que se dejan la piel casting tras casting, pero que
la diosa fortuna parece haber olvidado, y son rechazados una y otra vez,
unos por ser calvos, feos o gordos; otros por no ser tan guapos como se
requería, o siéndolo pero no teniendo los enchufes necesarios
para aspirar a algo. ¿Cuánto talento se habrá desperdiciado
por esto? Mucho, sin duda.
Viendo Ed Wood, esa magnífica
obra maestra de Tim Burton (hay que quitarse el sombrero tanto por
la historia, muy conmovedora, como por la magnífica batuta del director);
me asalta una pregunta, que quizás se les haya ocurrido a muchos,
¿debe impedirse a una persona sin talento la consecución
de su sueño? Sería sensato responder que no, si se trata
de su sino; pero sucede que no hay lugar ni siquiera para los que poseen
el don necesario, entonces ¿quién debe tener preferencia?
Es complicado, pero trataré de contestarla. A mí me encantan
las buenas películas, siempre según mis gustos y bajo mi
punto de vista, pero estaremos de acuerdo en que casi todo el mundo preferirá
ver una buena película a otra más mediocre… ¿no? Vayamos
a otro aspecto, detesto todo lo que se hace con el único fin de
ganar dinero, así pues, casi todo lo propiamente comercial no me
suele aportar mucho, que no es lo mismo que decir que no me gustan las
superproducciones, me gustan las que tienen algo que contarme, las que
tienen detrás una buena historia. En la película de
Burton, Ed Wood carece de talento para rodar películas,
no rodaba con la cabeza, pues no era Orson Welles, Alfred Hitchcock
ni Billy Wilder; rodaba con el corazón, y hacer algo
de corazón es lo más bonito que puede suceder. Lo hacía
con sus mejores intenciones y creía estar haciendo obras maestras,
y aunque no fuera así, sus actores (estrafalarios a más no
poder, pero buena gente) siempre permanecían a su lado, porque les
trataba como a estrellas y les hacía sentir como tales, aunque no
lo fuesen. No se si he respondido del todo a la pregunta, pero lo cierto
es que se necesita gente así, gente que luche, que crea lo que hace,
pese a los comentarios de los demás, pese a las críticas,
pese a todo. Si luchas, si sueñas, nunca pierdes… siempre ganas.
Y cuando veo todo lo que se está
haciendo ahora, casi todo con el objetivo de enriquecerse más y
más, donde el arte se está convirtiendo en mercado; donde
el director cada vez tiene menos voz, voto y medios para finalizar su obra
tal y como quería; donde no se brindan oportunidades mas que a unos
pocos elegidos… pienso en lo que podría ser, me acuerdo de esos
eternos luchadores, esos héroes olvidados, a los que nadie dio nunca
la opción de demostrar su valía.
David Pelegrín
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