ARTICULOS
de ANIKA CINE.
WELCOME TO TROMAVILLE
Rubén Párraga |
Érase una vez un sitio poblado
de drogas, prostitución, delincuencia, dementes asesinos de tendencias
peliculeras, residuos tóxicos a granel y corruptos e ineptos defensores
de la ley. Todo ello estaba aderezado con una corrección política
tan mentirosa como aprovechadamente provocativa, morbosa y exhibicionista.
¿Que dónde se encuentra este paraje de ensueño?, pues
en las irreverentes mentes de los genios de la basura (todo lo despectivamente
que merecen) cinematográfica llamados Michael Herz y Lloyd Kauffman.
La productora TROMA refrescó los consabidos tópicos
de la producción cinematográfica estadounidense en los años
80, creando una amalgama desenfadada de excentricidades vigentes en sus
films más emblemáticos: "Los surfistas nazis deben morir",
"El vengador tóxico" o "Sargento Kabukiman". Historias
de sexo vicioso y violencia sin control tenían como contrapunto
finales made in Hollywood y corrección política (tan
correcta, en verdad, como un cubo de mierda de vaca en la cara de George
Bush, la metáfora escatológica va que ni pintada para hablar
de estos basureros del cine) a la usanza de los capitalistas estudios.
Cuando Joe Ritter y Lloyd
Kauffman terminaron de escribir el guión del que sería
el clásico absoluto del cine trash, supongo, llegaron al
orgasmo de tanta satisfacción desprendida del proceso creativo.
"El vengador tóxico" ("Toxic avenger") ya estaba engendrado,
y pronto combatiría el mal a golpes de fregona. La historia es hilarante,
a saber, un joven feo e inadaptado es humillado por unos guaperas de gimnasio
(que además son asesinos automovilísticos) que provocan su
caída en unos barriles de residuos tóxicos (mal situados
allí por unos tipos que consumen ingentes cantidades de cocaína).
El bueno de Melvin (que así se llama nuestro vengador) se transforma
por gracia de los resíduos (que estaban en barriles abiertos y burbujeantes)
en un tipo alto y musculoso (aunque infernal e incineradamente desfigurado),
que gracias a un sexto sentido sabe dónde se está cometiendo
un mal acto. Y, como no podía ser de otra forma, Melvin conoce a
una chica (una rubia explosiva, Jennifer Baptist, con todo lo que un lascivo
puede desear) que por suerte es ciega y no ve las horribles secuelas del
accidente de Melvin. Y aquí no termina la cosa, la segunda y tercera
parte (y, por supuesto, "Citizen Toxie") continuan con la saga del
apuesto y ultraviolento defensor de la ley.
Michael Herz y Lloyd Kauffman
reunieron
a un elenco de actores de una calidad espeluznantemente barata y dentro
de toda duda. Estrellas tan rutilantes de la productora TROMA como
Andree Maranda (el deformado Toxic Avenger), Carolyn Beauchamp
(la pava de "Troma's war", definida por la revista Variety como
una mezcla de "Rambo III" y "Lassie" ) o Barry Brenner (el heroísimo
de "Los surfistas nazis deben morir") no se encuentran en todos
lados. Pero no sólo de figuras de culto entre los más freakys
de entre los freakys del mundo del cine se alimenta esta autofinanciada
productora yankee. En sus films podemos encontrar, por ejemplo, a la lubricante
Sherilyn
Fenn (¿Cómo cojones se escribía el nombre de esta
tiparraca?) que tras "Twin Peaks" no hemos visto excesivamente el pelo;
o al estimulante Matt Stone (co-creador de "South Park" junto con
Trey Parker) en la cabeza de intérpretes del film de su coleguita
Parker "Cannibal: the musical", una auténtica joya que enlaza
clásicos como "Oklahoma" o "Las colinas tienen ojos".
Y si quieres saber más busca a Jane Jensen, Debbie Rochon
o James Jun.
Rubén Párraga Díaz
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