ARTICULOS
de ANIKA CINE.
EL MITO HECHO REALIDAD
David Pelegrín |
Cuando empecé a leer El
Señor de los anillos, me di cuenta a los pocos instantes; de
que no se trataba de un libro normal, me cautivó de principio a
fin, la historia la hice mía, vibré tanto en las catacumbas
de Moria como en las batallas de Helm o Pelennor, me emocioné con
Gollum, escuché las sabias palabras de Gandalf, aprendí lo
que significa la verdadera amistad de la mano de Sam y Frodo y anduve con
ellos desde el comienzo de su viaje hasta su inesperado desenlace. Muchos
libros se terminan de leer y se cierran con indiferencia, pero existen
otros cuyo final quieres evitar, deseas que nunca se acaben, y finalmente
los cierras lentamente, triste por el fin, pero alegre por haber podido
tener el sumo placer de leerlo; y es que, hay libros que le cambian la
vida a uno. Ya no eres el mismo después de leerlos.
Y entonces llega la película.
Difícil. Casi imposible poner imágenes, caras, miradas, pasiones,
paisajes a las fantasías de tanta y tanta gente. Primero con La
Comunidad del anillo, luego con Las Dos Torres y ahora con El
Retorno del Rey, esta última aún no he podido verla,
pero vistas las otras dos no creo que no se vaya a hacer justicia con la
tercera. Y te preguntas cómo es posible que alguien haya conseguido
una película que huele a Tolkien desde el primer fotograma,
esa atmósfera inconfundible que sólo pertenece a grandes
historias, de esas que merecen ser siempre recordadas. Hay que apuntar
que es el libro más vendido después de la Biblia; ¿Qué
es lo que tiene que cautiva a tanta y tanta gente? No sólo es una
alegoría entre el bien y el mal, como defienden algunos, es mucho
más; tiene elementos de la vida real pero visto en el espejo de
Galadriel, llevados al mundo del mito. Ayer estuve en una conferencia de
Eduardo Segura (que me proporcionó alguna información
presente en este artículo, se lo agradezco); uno de los tres expertos
en Tolkien que asesoraron a Peter Jackson a la hora de hacer el
guión; y una de las frases que dijo que más me impactó
venía a ser la siguiente "Yo he visto la mirada de Boromir en
otras personas, y también a mí me miró alguien como
Arwen lo hizo con Aragorn..." Sin palabras. No hace falta que explique
nada más.
Un punto y aparte es el casting,
estupendo, inapelable; con casi ningún actor que fuera en ese momento
de primera fila. Sin Sean Connery, al que le llegaron a ofrecer
cuatro papeles, sin Stuart Towsend, al que despidieron para decantarse
por Viggo Mortessen (menos mal), pero con Ian McKellen, que
es Gandalf en persona, Sean Astin, Elija Wood, Christopher
Lee, el mejor Saruman que pudiera imaginar, Orlando Bloom, catapultado
hasta casi la cima, a la que acabará llegando, y para mí
ese gran descubrimiento que es Gollum, sin duda de lo mejor de las dos
torres.
Luego está Nueva Zelanda,
el lugar más parecido a la Tierra Media; en ella tanto La comarca,
como Rohan o Rivendel pasan por ser ciertas. Y el maquillaje y el vestuario,
las armaduras, espadas, arcos... Y la banda sonora, magnífica; lo
que no acabo de entender es que pongan otra música diferente en
el trailer; concretamente la de Requiem por un sueño. En fin, que
me parece que es de lo mejor que he visto en cine, aunque lógicamente
la película puede tener sus fallos; en este caso mínimos.
Hay a quien le hubiera parecido mejor no mostrar nunca a Sauron, o a quien
no le gustan algunos elementos puntuales como la interpretación
del personaje de Gimli; diferente de la del libro; pero todos coinciden
en que es muy complicado porque cada uno no tiene la misma visión
de los hechos, y en cualquier caso, la de Jackson ha sido en global
muy acertada, en la línea de la de todos, y de paso ha significado
la resurrección de un tipo de cine que andaba un tanto olvidado,
injustamente. Para mí es el mito hecho realidad. Y ahora que
el viaje está llegando a su fin, sólo quiero dar las gracias.
David Pelegrín
[volver
a índice de artículos]