ARTICULOS
de ANIKA CINE.
LA CENSURA DEL CINE AMERICANO
José Antonio López |
LA CENSURA EN EL CINE AMERICANO
Se suele tener la idea de que la
censura es algo que los políticos, la iglesia, el ejército,
los grupos de presión u otros colectivos represores totalmente ajenos
al cine imponen sobre los directores, guionistas y productores. Esto fue
así en Europa y sigue siendo así en muchos países
del mundo, a veces también europeos, con una importante excepción:
los Estados Unidos. Allí siempre ha sido la propia industria la
que se ha autorregulado y autocensurado. La clasificación de películas
(para todos los públicos, mayores de 13 años, mayores de
18, etc.) no la llevan a cabo los ministerios de cultura como ocurre en
Europa, sino la MPAA (Motion Picture Association of America).
EL CÓDIGO HAYS DE CENSURA
La MPAA fue creada en 1922 por los
grandes estudios de Hollywood, ante las demandas de censura de los sectores
reaccionarios de la sociedad por los contenidos de las películas,
y también por los escándalos relacionados con la vida privada
de los actores del cine mudo, que superaban con mucho en cuanto a promiscuidad,
orgías, consumo de drogas y demás "disipación" a las,
en comparación, bastante más mojigatas estrellas del cine
actual. La propia industria decidió autorregularse y crear un código
de producción que decía qué podía y qué
no podía verse en las películas. Dicho código, creado
por uno de los líderes del partido republicano de la época,
Will H. Hays, cabeza visible de la MPAA, se conoció como Código
Hays y la propia MPAA pasó a llamarse popularmente oficina Hays.
Entre otras cosas, el Código
Hays prohibía cualquier mención en una película a
temas como el tráfico de drogas, el aborto, las relaciones entre
personas de distintas razas, y las "perversiones sexuales", término
que englobaba, entre otras cosas, a la masturbación y la homosexualidad;
tampoco podía mostrarse "lujuria" en las escenas de besos o abrazos,
ni posturas y gestos "provocativos", ni lenguaje obsceno, ni "expresiones
vulgares", ni blasfemias; los representantes de la iglesia debían
ser tratados con el máximo respeto, lo mismo con los representantes
de la ley, la policía y el ejército, y en ningún caso
debía cuestionarse la institución del matrimonio. Redactadas
en 1930, estas normas empezaron a hacerse efectivas en 1934 y marcaron
toda la producción hollywoodiense desde entonces hasta el año1966.
Un código como este es algo
muy excepcional en varios sentidos. En primer lugar, fue algo exclusivo
del cine. Ni la literatura ni el teatro estaban sujetos en aquella época
a ningún tipo de censura previa, y en los libros y obras de teatro,
sobre todo a partir de los años cincuenta, se hablaba de todo tipo
de temas con todo tipo de tratamientos casi con la misma naturalidad que
hoy; aunque los curas y obispos, especialmente los católicos, prohibían
la lectura o la visión de las obras "obscenas" a sus feligreses,
no tenían ningún medio de impedir que los parroquianos hicieran
al final lo que les diera la gana y prefirieran en muchos casos juzgar
por sí mismos. En el caso del cine, la obra no podía ni siquiera
producirse; cientos de películas nunca llegaron a existir por culpa
de la censura, y otras muchas fueron mutiladas por los "retoques" en el
guión y los cortes de escenas rodadas. La razón de esta diferencia
entre el cine y otras formas de expresión es que el cine era inmensamente
popular e influía mucho más en la gente que ninguna novela,
y los censores querían controlar al público influyendo en
su principal medio de entretenimiento.
El otro punto excepcional en este
código de censura es, hay que insistir de nuevo en esto, que sean
unas normas tomadas por la propia industria y no por el estado, algo que
no ocurre ni ocurrió nunca en ningún otro país, al
menos en el mundo occidental. ¿Por qué los estudios se sometieron
a las exigencias bastante arbitrarias del señor Hays, incluso mucho
después de que éste dejara la presidencia de la MPAA (su
mandato sólo duro hasta 1945, pero sus reglas se siguieron utilizando
durante veintiún años más)? De hecho, durante sus
32 años de existencia el código Hays demostró muchas
veces no tener ningún valor real; la primera película de
un gran estudio que consiguió estrenarse a pesar de la condena de
la MPAA fue The outlaw; los cortes solicitados por la oficina Hays ante
la sensualidad que mostraba la protagonista, Jane Russell, no fueron aceptados
por el productor y director, el excéntrico y cabezota millonario
Howard Hughes. Producido en 1943, el film no pudo estrenarse hasta 1947
por las sucesivas sentencias que prohibían su exhibición
por "inmoral", con sus correspondientes recursos presentados por Hughes.
Cuando por fin, tras cuatro años de lucha, los tribunales dieron
la razón al productor reconociendo su derecho a la libertad de expresión,
la película se estrenó con gran éxito. Sin embargo,
Hughes no se vio ni mucho menos apoyado en ningún momento, ni antes
ni después del estreno, por sus compañeros de profesión
ni por nadie en la industria. Se podría pensar que tras este golpe
el código quedaría desacreditado y muchos productores seguirían
el ejemplo de The outlaw. Pero no ocurrió así; cansado y
desanimado, el propio Hughes no volvió a intentar violar la censura.
¿Por qué la industria no le apoyó, ni intentó
oponerse a un código que la restringía y que no era más
que un fantasma en la práctica? Evidentemente porque, aunque en
apariencia les perjudicara, a los grandes estudios les beneficiaba, y les
sigue beneficiando, la censura.
Durante la época del código
Hays, con excepción de The outlaw, no se prohibió la exhibición
de ninguna película importante; sí hubo que cortar escenas
y cambiar el argumento de muchas, pero todas las producciones de los grandes
estudios acabaron estrenándose sin mayor problema a nivel comercial
(a nivel artístico es otro cantar); sin embargo el código
sí se cebó con el cine independiente y el cine extranjero.
Todas las películas que no cumplieran con las normas establecidas
por Hollywood en el código, eran prohibidas por la MPAA y quedaban
fuera de los circuitos de exhibición controlados por esta, que eran,
y siguen siendo, la inmensa mayoría de las salas de Estados Unidos.
La mayor parte del cine europeo, que casi siempre incurría en alguna
falta según el código, quedaba relegado a unas pocas salas
pequeñas de las grandes ciudades. Mediante la censura, la industria
conseguía que sólo quien hiciera películas al modo
de Hollywood pudiera estrenarlas en condiciones medianamente dignas. Y
evidentemente, para un productor independiente es muy difícil disponer
de los medios de un gran estudio para competir con él en el mismo
terreno; los independientes sólo pueden competir ofreciendo un tipo
de cine diferente; gracias a la censura, ese cine diferente quedaba prohibido
y relegado a ghettos. El código Hays era un medio estupendo para
aniquilar a los posibles competidores de los grandes estudios.
DECADENCIA DEL CÓDIGO
El fin de la censura comenzó
cuando dejó de ser económicamente favorable; después
de la segunda guerra mundial, se produce un cambio muy importante en la
historia del cine con la llegada primero del neorrealismo italiano y luego,
durante los años 50, de directores con un estilo nuevo que va a
regenerar el cine europeo: Ingmar Bergman, Carl Dreyer, Federico Fellini,
Michelangelo Antonioni, Alain Resnais, Luis Berlanga, François Truffaut
y toda la nouvelle vague francesa hacen un cine vivo, fresco y mucho más
próximo al espectador que los productos que ofrece la industria
de Hollywood. Este tipo de películas empieza a verse primero en
circuitos cinéfilos muy minoritarios, pero va alcanzando cada vez
mayor éxito popular, en gran medida por tratar todos esos temas
que la gente estaba cansada de que le ocultaran: el sexo fuera del matrimonio,
el racismo, las drogas, el aborto, los embarazos no deseados, el antimilitarismo,
el comunismo, la corrupción política, y largo etcétera.
La decadencia del cine americano,
cada vez más estrangulado por culpa de la censura, frente al auge
y la originalidad del cine europeo, va teniendo cada vez más repercusión
en los mismos Estados Unidos. A lo largo de los años 50, y sobre
todo de los 60, la censura se va desacreditando cada vez más al
perder una y otra vez juicios contra películas como The moon is
blue, Pinky, La dolce vita, De repente el último verano, El hombre
con el brazo de oro, Quien teme a Virginia Wolf, etc.; cada vez más
voces, incluso en sectores reformistas de las iglesias católica
y protestante, apoyan el derecho del público adulto a ver películas
realistas. Además, la rápida extensión de la televisión
la ha hecho sustituir al cine como el entretenimiento popular por excelencia.
Los censores prefieren dirigir sus esfuerzos a controlar lo que se emite
desde la pequeña pantalla y se relajan más respecto a lo
que ocurre en la grande, situación que dura hasta hoy. Por otra
parte, la al principio pequeña minoría de universitarios
que se sentían atraídos por las películas europeas
había crecido mucho a mediados de los años 60. La única
forma de contener la invasión europea y de que el cine americano
recuperara su prestigio era ofrecer películas no sometidas a censura.
Así es como el código Hays cae abajo por fin en 1966, con
la creación de algo que hoy nos suena muy habitual pero que hasta
entonces no existía: la clasificación por edades. La protección
de los niños frente a imágenes que les puedan dañar
quedaba garantizada, al mismo tiempo que se reconocía el derecho
de los espectadores adultos a elegir lo que querían ver.
DESPUÉS DEL CÓDIGO
HAYS: LA NUEVA CENSURA
Sin embargo, aunque el código
Hays desapareciera, la censura no lo hizo en absoluto. La MPAA no tardó
en convertir el sistema de clasificación por edades en otra forma
de censura. La clasificación más fuerte que podía
obtener una película era la famosa X, es decir, prohibida a menores
de 18 años (o de 21, dependiendo de las zonas). Esta categoría
con el tiempo fue convirtiéndose en algo asociado al porno duro
y a películas sin ningún mérito artístico y
de "mal gusto"; la mayor parte de grandes almacenes y cadenas de distribución
consideraron que les daba prestigio negarse a difundir este material. El
porno se vio relegado a ghettos como las salas X y los sex-shops, fuera
de los grandes circuitos de distribución y exhibición. La
astuta maniobra de la MPAA fue otorgar la clasificación X a muchas
películas que no eran ni mucho menos porno duro, sino cine de autor
(de nuevo, que casualidad, casi siempre independiente o europeo) con escenas
eróticas o violentas explícitas. De esta forma, por el módico
precio de recortar unas cuantas escenas de sexo en sus películas,
los grandes estudios se aseguraron de que buena parte del cine independiente
y del europeo fuera marginada, enviada a las salas porno y relegada a distribuciones
en vídeo minoritarias fuera de los videoclubs importantes. Esta
situación fue denunciada a principios de los años 90, cuando
la MPAA declaró porno a películas como Atame! de Pedro Almodóvar
o Henry y June de Philip Kaufman ante la indignación de muchos autores
europeos, críticos y cinéfilos; para acallar las protestas,
la asociación sustituyó la clasificación X por la
NC-17, argumentando que al cambiar el nombre quitaban la connotación
de porno duro asociado a la clasificación X. El resultado fue el
mismo, porque las películas con intenciones artísticas siguieron
metidas en el mismo saco que las porno; los grandes almacenes y salas de
exhibición se negaron a tratar con películas NC-17, igual
que habían hecho antes con las X. El cambio de nombre no sirvió
para nada.
En realidad, en Estados Unidos las
cosas no han cambiado básicamente desde la época del código
Hays. Algo se ha avanzado, ya que los límites de lo que la censura
considera aceptable son bastante más amplios que en aquella época,
pero el cine americano sigue eludiendo buena parte de los problemas sociales,
políticos y sexuales de la sociedad, igual que hacía durante
la época del código, y sigue utilizando la censura para evitar
la competencia del cine independiente y del cine europeo. El único
título de Hollywood transgresor de la nueva censura hasta el momento
ha sido Showgirls, del director europeo Paul Verhoeven, clasificada NC-17
en 1995. La película fue recibida con puñaladas feroces por
parte de toda la crítica, en una poco frecuente y muy sospechosa
condena unánime de la prensa americana, que luego se reprodujo por
mimetismo en la europea. El acoso de todos los medios a la película,
tildándola de basura e insultando sin muchos reparos a director,
guionista y actores, logró lo que se proponía: el film fue
un fracaso y todo un precedente para el próximo que se atreva a
producir en Hollywood otra película NC-17. Como era de prever, nadie
lo ha hecho hasta el momento. Los métodos de la censura han cambiado,
ya no se prohíben directamente las películas ni se queman
(lo cual es un avance innegable), ni se amenaza a sus espectadores con
ir al infierno: se recurre a trucos más sutiles pero igualmente
eficaces.
José Antonio López
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