MAGAZINE ANIKA CINE
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CASABLANCA. AS TIMES GOES BY
Manuel J. Rico

Con el estallido de la segunda guerra mundial muchos ojos en la Europa ocupada miraban con esperanza o desesperación hacia la libertad de las Américas. Lisboa era el más importante punto de partida, pero no todos podían acceder allí directamente y así se formó una tortuosa y accidentada ruta de refugiados: De París a Marsella; a través del Mediterráneo hasta Orán; luego por tren, automóvil o a pie por el borde de África hasta Casablanca, en el Marruecos francés. Aquí los afortunados con dinero, influencias o suerte obtenían visados para Lisboa. La antesala del nuevo mundo. Pero los otros esperaban en Casablanca, esperaban...“.

Durante la segunda guerra mundial los alemanes conquistaron casi la mitad de Francia, incluyendo París. El gobierno francés se replegó a Vichí en el sur del país y pactó la paz a cambio de colaboración. El general De Gaulle marchó con los opositores al invasor nazi hacia la zona de Marruecos en poder de Francia después de la primera Guerra Mundial. Debilitados y con muchas ciudades, como Casablanca, dudando aún de en qué bando quedarse, apoyaban a los movimientos de resistencia en Europa. Conspiradores, espías, refugiados, ladrones y gentes de oscuro pasado se mezclaban con avanzadillas nazis e individuos tan hábiles como para no mojarse bajo un chaparrón; gente como Rick, el dueño de un turbio café de Casablanca.

Sólo una película puede hacernos desear que nuestro labio superior quede paralítico, que si alguien nos pregunta nuestra nacionalidad respondamos “soy borracho” o fumar cigarrillos negros de picadura tan gruesa que nos dejen ramas de tabaco en la boca.

El llamado séptimo arte es un compendio de los demás, tan complejo que muy pocas veces llegan a fundirse convirtiendo a los personajes en reales y a las historias en eso, sólo historias. No nos planteamos entonces que alguien las escribió, las dirigió, interpretó o montó. Naturalmente muchos profesionales colaboraron para dar forma y un ritmo a cada plano, y el mismo Humprey Bogart sólo fingió amar a Ingrid Bergman ¿pero a alguien le importa eso?. ¿Osaría alguien llamar machista al guionista cuando la chica pidió a Rick que pensara por ella?. Incluso la idea de pasar por un campo de concentración toma un cariz atractivo, romántico como el feliz París aún no ocupado por Hitler.

Casablanca nos sumerge en un universo negro en el que reina “un sentimental” con el corazón roto y el Alma llena de cicatrices. Un lugar en el que viven hombres que conocen el poco valor de sus vidas, dispuestos para entrar en el infierno por la puerta grande.

Rick´s lleva el irónico apellido de “café Americain” cuando evidentemente nadie jamás bebió allí nada que no fuera capaz de arder. También hay bellas mujeres como una joven despechada por Richard o la recién casada que pasaría la noche con un funcionario corrupto e idealista –qué deliciosa combinación- a cambio de dos visados para ella y su joven marido. Gente que cierra tratos en voz baja, y un humo tan espeso que no deja ver, por suerte, la fauna de nazis, miembros de la resistencia, turistas estúpidos y ladrones que pueblan el local.

Al fondo del café una puerta se abre sólo para el camarero elegante, viejo, gordo y miembro de la resistencia, y los clientes que decide el propio Rick por más que nunca beba con ellos. Un movimiento casi imperceptible de su cabeza sirve para clasificar a un banquero como indeseable en el casino ilegal de la trastienda.

Walter era sólo un tipo pequeño de ojos saltones y frente sudorosa. Nadie le creería capaz de matar a dos correos alemanes, pero sí que atacaría sus despojos como una hiena hambrienta.

Y Sam, con una voz tan agrietada como los cimientos del otro tugurio decadente de Casablanca: blue parrot.

Poco más puedo escribir sobre Casablanca y el viejo Bogey, esta cancerígena niebla me produce una tos que espanta las musas; prostitutas tísicas hartas de su trabajo. Supongo que una copa de whiskey después de cerrar el local podrá curarme o, con suerte, conseguirá que por fin la cirrosis acabe conmigo. Sólo os diré una cosa más sobre Rick: lleva dentro la cualidad sin nombre de los hombres inteligentes que han vivido demasiadas calamidades, no necesita que nadie le reconozca y –aunque es mentira- “jamás se jugará el cuello por nadie”.
 

Manuel J. Rico
 

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