ARTICULOS de ANIKA CINE.
PELICULAS CON BICHITO
MANUEL MARQUEZSi hay una premisa, o idea-fuerza, que en los diversos artículos que he tenido ocasión de publicar en este magazine a lo largo de los últimos meses, he pretendido transmitir siempre, de manera más o menos explícita (o, al menos, así me hubiera gustado dejarlo traslucir), es la de que hay que tener una mentalidad abierta y carente de prejuicios a la hora de acercarse al cine, y, en consecuencia, hay que alejarse de vetos o renuncias en función de géneros, autores, estilos o tendencias. Se trata de una cuestión de principios (y que, afortunadamente, la experiencia se encarga de confirmarme insistentemente): incluso en ese género que no soportas, o de ese autor del que no te gustó ninguna de las que viste hasta hoy, puedes encontrar mañana esa película que te toca la fibra más sensible y te proporciona el más profundo de los placeres cinéfilos; y sin contar con que, por supuesto, sólo de una contemplación amplia y variada (cuánto más abierto el abanico, mejor...) surgen el criterio y el discernimiento para apreciar lo más y lo menos valioso.
En definitiva, ésta es una de mis "reglas del juego". Y, naturalmente, como toda regla que se precie, ésta no carece de la típica –o típicas- excepción –o excepciones- (sí, amigos, ésas que la confirman). En este caso, las excepciones se refieren a dos categorías, o clases, de películas: una de ellas es la de las "secuelas-ubre" (aquéllas concebidas con el único y exclusivo fin de exprimir la "teta" que supone el éxito de taquilla de su predecesora: es decir, y para no engañarnos, el 99,9 % de las secuelas...); y la segunda se refiere a una curiosa modalidad (a la que aludía, así como de pasada, en un artículo reciente), que es la de las películas con "bichito".
Supongo que, ante todo, y previamente a entrar en detalles (y de pedirles, naturalmente, que huyan de ellas cual siervo medieval de las epidemias de peste ...), se impone una pequeña explicación. ¿Qué es eso de una película con "bichito"? Muy sencillo: dícese de la película que, al igual que esas manzanas a las que un gusanito echa a perder trasteando por su interior, se ve irremediablemente infectada por la presencia de algún personaje (¿?) ajeno al cine -preferentemente, del mundillo de la farándula o sus aledaños (léase: futbolistas, cantantes, modelos o, últimamente, "famosos", así, sin más...)- a cuya mayor gloria (y aprovechamiento crematístico, of course) se consagra el film en cuestión.
El fenómeno es triste y sobradamente conocido, y, por desgracia, en los tiempos que corren, lejos de amainar o batirse en retirada, es un auténtico vendaval que parece extenderse de forma cada vez más virulenta e inmisericorde: ya no estamos solamente ante las películas de Elvis Presley o de Manolo Escobar, por poner dos ejemplos bien significativos (y con los cuales creo que cualquiera, si no se la había hecho ya, puede hacerse cabal idea de a qué me refiero...), sino de que con cualquier personajillo de medio pelo, al igual que se hacen llaveros, posters, pins o gorras de rapero, se hace una película, y todos tan contentos. Generalmente, el film en cuestión suele ser un bodrio infumable, pero eso no supone ningún problema, ya que no afecta lo más mínimo a su resultado en taquilla (en muchísimos casos, tremendamente positivo...), que, en definitiva, es de lo que se trata: hay que vender el producto, y, en este caso, el producto no es la película, sino el "bichito" que lleva dentro...
Con el claro entendimiento de que esas películas no constituyen cine más allá de la mera coincidencia en la utilización de un determinado soporte físico (el celuloide), supongo que se hace perfectamente comprensible tanto el por qué de su calificativo como el motivo de mi aversion a ellas. En cualquier caso, y en evitación de que un exceso de bilis termine agriéndome (y agriando al lector algo sensible) la sacrosanta digestión, creo que también se imponen, junto a tal declaración generíca, ciertas matizaciones de interés.
La primera de ellas, con la sana intención de aclarar conceptos, es la de que no deberíamos confundir estas "películas con bichito" con aquellas otras protagonizadas por actores y/o actrices que, además de tal condición, ostentan o han ostentado la de haber ejercido alguna otra disciplina profesional, ya sea artística o no. Ejemplificando, y creo que se trata de casos suficientemente ilustrativos, no entrarían en esta categoría películas protagonizadas por Frank Sinatra o Ana Belén –artistas sobre los cuales se podrá tener una opinión crítica más o mens favorable, pero a los que entiendo que no cabe calificar como "bichitos" en el sentido apuntado-: serán buenas, malas o regulares, pero nunca subproductos (y, si lo fueran, en base a otros motivos, naturalmente).
Segundo punto: mis críticas al fenómeno en sí no implican, a título general (porque, particularmente, hay casos en que la desvergüenza es de tal calibre que cualquier epíteto se me va a quedar corto), ninguna descalificación personal de sus protagonistas (en muchas ocasiones, tan ajenos al producto que se cuece alrededor de su imagen como el último meritorio que pulula por el set de rodaje...). Más allá de sus calidades artísticas (casi siempre ínfimas, lo cual resulta perfectamente comprensible: no salen "Caines" ni "Streeps" a espuertas...), están en su legítimo y perfecto derecho a aspirar a una carrera cinematográfica, para la cual hasta casos se ha dado (contados, eso sí) de haber mostrado dotes mínimamente aceptables, aunque, cierto es también, resulta penoso el pensar cuán abiertas se encuentran esas mismas puertas que a otros con muchísima mayor preparación y valía, tanto les cuesta atravesar.
No quería finalizar sin hacer mención a otro aspecto relacionado con este tema que me resulta particularmente triste, y es el de tener que ver a auténticos profesionales (a veces, inducidos a error sobre la concepción del proyecto; pero, en la mayoría de los casos, por cuestiones de pura "supervivencia" económica: no siempre se amontonan los guiones en la mesita de noche, y hay que pagar la hipoteca del dúplex y la letra del coche...) compartiendo "mesa y mantel" –o, peor aún, en los casos más particularmente sangrantes, haciéndoles de auténticos "mamporreros artísticos"- con la estrellita de turno. Lágrimas como puños he tenido ocasión de derramar viendo, en ese film (¿?) que atiende por el título de Gitano, a gente como José Luis Gómez o Marta Belaustegui actuando como secundarios de dos petardos del calibre de las Torres Gemelas –Laetitia Casta y Joaquín Cortés (que bailar, bailará como los ángeles, no seré yo quien lo discuta: pero interpretando consigue que terminemos añorando hasta al mismísimo Joselito, sí, ése, el ruiseñor de oro, otro que tal...).
Uno, que es de natural bonachón (a qué engañarnos), tiene más tendencia al escribir amable que al de otros tonos, más potentes o agresivos; así que no descartaré la posibilidad que la diatriba me haya quedado un tanto ligera, o flojita. En evitación de dudas, y ya que quizá no lo estoy diciendo fuerte, sí lo diré clarito: por favor, huyan de estas películas, y tengan la completa seguridad de que la inversión de su tiempo y dinero en cualquier otra opción de cine, les resultará infinitamente más satisfactoria, en todos los sentidos. Es un consejo amistoso; sin acritud, como diría aquel, pero sincero: no lo echen en olvido, siempre que tengan ocasión.
MANUEL MARQUEZ
|
|
|
PARA PATROCINADORES |
|