ARTICULOS de ANIKA CINE.
LOS CUPOS DEL CINE
Manuel MárquezRecuerdo cómo, hace ya algunos (bastantes) años, un compañero de trabajo al que le comentaba, entusiasmado, que esa tarde iría a la Filmoteca a ver una peli (que no recuerdo cuál era, pero, a buen seguro, se trataría de alguna sesudísima producción centroeuropea, de ésas que ahora tan graciosamente se suelen denominar “películas de gafapasta”....), me contestaba, con un puntito de sorna, que
él, de ésas, ya había visto todas las que tenía que ver en sus años mozos, y que ya tenía el cupo hecho; que él ya sólo iba al cine a echar un rato entretenido, y que, para complicaciones y sufrimientos, los que le daba el trabajo ya le eran más que suficientes. En aquel momento, qué quieren que les diga, la respuesta me sonó a la típica excusa del que, habiendo perdido su afición al cine, y pretendiendo justificar tal circunstancia (sin que haya necesidad de ello, supongo...), esgrime un argumento bastante peregrino. Pero, con el paso del tiempo, he vuelto a reflexionar una y otra vez sobre aquel episodio, desde mi propia vivencia, y, no sé, empiezo a tener la impresión de que mi compañero (que, por aquel entonces, tendría aproximadamente la misma edad que yo tengo ahora) no me contó ninguna milonga excusatoria, sino que, lisa y llanamente, me hizo partícipe de una experiencia personal que, más tarde o más temprano, y con todos los matices que se le quieran añadir, todos terminamos viviendo. El de los “cupos de cine”...
Consiste tal vivencia, a grandes rasgos, en lo siguiente: sin que quepa formularlo de manera concreta, en términos de volumen, extensión temporal y/o mayor o menor grado de entusiasmo, uno tiene un “cupo” de películas -de determinado género, estilo o tendencia- para ver, y, una vez agotado, pues ya no quiere ver más; o, si las ve, lo hace sin el mismo entusiasmo con que lo hacía hasta este momento. Y punto. Así de simple. No intenten escarbar en los motivos, razones y fundamentos para ello, porque, muy
probablemente, no los van a encontrar: como rezaba el viejo dicho aquel (más o menos...), el corazón sabe de razones que la razón no entiende (o algo similar). E igual que las pasiones –en otros terrenos- se atemperan, decaen e incluso se extinguen, también así sucede con las cinéfilas. Nada nuevo, pues, bajo el sol.
Afortunadamente –creo-, a día de hoy, aún no he agotado ninguno de mis “cupos de cine”; pero empiezo a hacerme consciente de su existencia, y presiento que, en algunos casos, se materializarán más pronto que tarde, porque he de reconocer –sin alegría, pero también sin pena alguna- que hay películas de cierto tipo que, habiéndome entusiasmado en su día, cada vez se me hacen más difíciles de soportar. Y no me pregunten de qué tipo de películas se tratan, porque uno, aun un tanto maltrecha, tiene cierta reputación cinéfila que mantener, y de esas cosas (como de los amores, o de los dineros) no está bonito hablar, y menos aún públicamente. En cualquier caso, ya se los contaría, llegado el momento.
También espero que esos “cupos de cine” se mantengan confinados en sus correspondientes reductos; es decir, en ciertos géneros, estilos y tendencias. Porque el cine, como decían Garci y sus “mesnadas cinéfilas”, es grande, muy grande, grandísimo; y es difícil que algo tan grande deje de hacerme tilín, así como así: siempre nos quedará (algo más que) París....
Manuel Márquez
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