ARTICULOS
de ANIKA CINE.
RECUERDO POSTUMO A MARLON BRANDO
J. Arroyo |
SE CONVIRTIÓ EN MITO EN
SU PRIMERA APARICION EN PANTALLA, EN LA PELÍCULA “HOMBRES”(1.950)
Transcurría el mes de agosto
de 1.950, cuando un actor de teatro, ya famoso, reconocido y aclamado en
Broadway y, consiguientemente, en los Estados Unidos, aparecía por
primera vez en la gran pantalla. Se había dejado seducir por el
productor Stanley Kramer, que le ofreció 40.000 dólares
por interpretar la película “Hombres”.
(Da cierto temblor en los dedos teclear esta cifra como exagerada y desorbitada,
cuando hoy día hay “estrellas” de Hollywood que cobran mil
millones de dólares).
- No tengo la fuerza moral para
decir que no a tal cantidad de dinero-, declaró el “cinecantano”
Marlon Brando, aunque aseguró que su paso por los platós
sería temporal y efímero y que solamente haría una
o dos películas más, ya que su futuro y su vida estaba en
las tablas.
Afortunadamente aquel joven, de 26
años a la sazón, de hosca masculinidad, se equivocó
y se adueñaría de los papeles más importantes de aquella
época y de muchas más, subiendo y bajando en un tobogán
de la fama, de las rivalidades o de las envidias, al igual que se montó,
a continuación, en un tranvía que se llamaba Deseo.
En “Hombres”,
que dirigió Fred Zinnemann, y que me perdone el potencial
lector por la insistencia en rememorar tanto este filme, nuestro protagonista
encarnaba al soldado Bud Wilocek, postrado en una silla de ruedas, impotente
y atormentado, pero que emerge como por generación espontánea
desde el primer plano, en el que se le ve paralizado, la frente arrugada
en una expresión de dolor, mientras su voz en off tiñe de
sarcasmo la desesperación.
- Es divertido, muy divertido.
Primero tenía miedo a morir. Ahora, siento terror de seguir viviendo-
decía Bud, que, enfurecido por su destino, se casa con su novia
y afronta un futuro incierto con un vigoroso encogimiento de hombros.
El actor primerizo fue ofrecido al
espectador por partes y tuvo que interpretar el papel con la mitad superior
de su cuerpo, por lo que la forzada inmovilidad y la falta de sexualidad
hicieron presa en las mujeres, que lo encontraron atractivo e inquietante
pero trágicamente dócil. Para los hombres, un elemento competitivo
estaba eliminado, a tenor de lo que se escribió y se vivió
tras el estreno delante de una cámara del que se iba a convertir
con el paso del tiempo en un mito.
El titular de un periódico,
lo proclamó, medio en serio, medio en bromas, “Marlon
del Cine”. Fue el primer actor del Actors Studio
en convertirse en la gran estrella del celuloide, a la vez que era proclamado
"el actor más grande del mundo", aunque los detractores, que siempre
los tuvo, tratando de definir el fenómeno, comentaban en los mentideros:
“Nos asusta que el ídolo de la sesión de tarde sea un
genio”.
Nuestro protagonista no lo fue, pues
era bastante fuerte para sobrevivir a los despectivos apodos que iban de
boca en boca, tales como “el Valentino de la generación bop” (*)
“la fábrica de hormonas ambulante” y “la Garbo en versión
masculina”. Alternativamente vituperado y venerado, despreciado y resucitado,
Marlon Brando fue considerado como acabado con monótona regularidad,
pero como un ave fénix, muy a menudo se levantaba de las cenizas
de su talento incandescente, para probar y demostrar una y otra vez que
seguía siendo el más respetuoso, inventivo, osado, fastidioso,
contradictorio y brillante actor norteamericano de fama universal.
NACIDO PARA NO
MORIR
Cuando los hermanos Lumière,
Louis y Auguste, presentaron en París, su invento, al que
denominaron “Cinematographe” en el “Salon Indien”, situado en el sótano
del “Grand Café”, en el número 14 del Boulevard des Capucines,
el 28 de diciembre de 1.895, el aspecto de la sala, antes de comenzar la
sesión, no era nada prometedor del gran acontecimiento que se avecinaba.
Algunos transeúntes ociosos, que tenían media hora que perder,
decidieron bajar los peldaños que conducían hasta el “Salon
Indien”. Entre la treintena de personas que asistieron, se encontraban
solamente dos periodistas, cuando en aquella época se editaban cerca
de cien periódicos en la capital francesa. Uno de ellos, de
cuyo nombre no se tiene constancia, escribió después de la
proyección de los diez cortos de los hermanos Lumière: “El
hombre ya no morirá jamás. Su imagen quedará para
siempre en este invento que ayer tuvimos la fortuna de presenciar”.
Muy sagaz tenía que ser este
“journalista” porque definió, a la perfección, y con una
frase rotunda la inmortalidad de cuantos apareciesen en aquella máquina
que proyectaba imágenes en movimiento y que “durante cierto tiempo
se suceden ante el objetivo, y reproducir a continuación estos movimientos
proyectando, a tamaño natural, sus imágenes sobre una pantalla
y ante una sala entera”, según escribían los hermanos
inventores en el prospecto que confeccionaron para el evento que iba a
pasar casi desapercibido en su día, pero que, con el paso de los
años, se ha convertido en el mayor espectáculo del mundo.
Marlon Brando, pues, no ha
muerto, a tenor de la frase que publicó aquel visionario y futurista
periodista, como cualquier persona que se haya puesto delante de una cámara.
Pero unos mueren menos que otros, y el mítico
actor, que falleció el 2 de julio del pasado año, está
más vivo en la memoria de todos, porque siempre tendremos
la oportunidad de volver a verlo en cualquier de sus magistrales interpretaciones
en películas de imborrable recuerdo, tales como "Julio
César", "El
baile de los malditos", "La
ley del silencio", "Rebelión
a bordo", "La
jauría humana", "El
último tango en París",
"Apocalipsis Now",
etc. etc, sin olvidarnos, obviamente, de "El
Padrino", donde le concedieron su segundo
Oscar, que igualmente rechazó como el primero, que conquistó
por su interpretación de obrero portuario en "La
ley del silencio".
Capítulo aparte, merece hacer
mención a la única película que dirigió e interpretó:
"El rostro impenetrable",
que no se convirtió en una obra de arte ni tampoco fue una bazofia
comercial, ya que el filme abunda en imágenes e ideas excelentes.
El menosprecio de Brando por el valor dramático de la palabra
se hace evidente en el modo de utilizar expresivamente los gestos y las
miradas. La dirección del reparto fue excelente en Karl Malden
y en Ben Johnson. En las mujeres, Katy Jurado nunca estuvo
mejor que en esta cinta y Pina Pellicer logró una interpretación
encantadora y frágil. Al único a quien no supo dirigir fue
a sí mismo. Excepto para algunos críticos sensibles a sus
valores insólitos "El
rostro impenetrable" fue considerado
como un filme vanidoso y como un ejercicio de megalomanía del actor.
Esto afectó a Brando, que declaró no ser un artista sino
un hombre de negocios, que de ningún modo el cine era un arte y
que notaba que su carrera se estaba acabando. (Ojo: la cinta es del año
1961. El genio estaba descendiendo del tobogán, pero pronto retomaría
el vuelo. Él mismo lo sabía reconocer y comprender, sin que
nadie se lo tuviese que decir).
EPILOGO NECESARIO
Puede ser que el no muy versado en
las artes escénicas, se esté preguntando qué hizo
Marlon Brando desde que nació hasta los 26 años, cuando
inició su brillantísima carrera cinematográfica en
Hollywood.
Personalmente, puedo decir que son
tantas las biografías que he leído sobre este mito, que cada
una me parece diferente a otra. Hasta su autobiografía, que tituló
“Las canciones que mi madre me enseñó”, publicada
en el año 1.994 no aclara mucho sobre su misteriosa vida y establece
una implacable muralla de silencio a la hora de hablar, por ejemplo, de
sus parejas, con las que se casó o con las que tuvo relaciones impetuosas,
de sus hijos o el desamparo afectivo, el amor no correspondido hacia su
madre, una actriz de segunda fila, y un padre, viajante de comercio, infelizmente
alcohólicos ambos. El autor rehuye esta faceta de su vida, haciendo
más énfasis, por ejemplo, en los testimonios de defensa de
las causas perdidas: los indios de América o ese grado último
de lucidez que le hace apoyar lo que no pertenece al sistema. Como un niño
revoltoso, Brando desmitifica la seriedad de su trabajo, el proceso
creador, la verdad última del personaje...
Tan revoltoso que, en la primera
biografía que se publica sobre su vida, se proclama ser hijo de
un zoólogo de Bangkok, traído al mundo en Omaha, Nebraska,
el 3 de abril de 1.924, donde a los dos años actuó en el
teatro, en la obra de O´Neill “Beyond the Horizon”,
junto a otro participante de Nebraska, un tal Henry Fonda, otro
inmortal más. Luego, se traslada a Evanston, en Illinois, y después
a la cercana Libertyville. Inconforme y díscolo, a los quince años
se le envía a una academia militar, en Minnesotta, donde toma parte
activa en actividades teatrales, y en sus dos primeras apariciones escénicas
interpretó a un soldado colgado de una horca y a un explorador de
una tumba egipcia. La llamada emocional del teatro amateur pronto le aburrió,
volviendo a interpretar su papel favorito: el de rebelde incontrolable.
De la academia militar, por supuesto, fue expulsado antes de graduarse.
Tras ejercer diversos oficios, así como pasar por su mente el abrazar
la vida eclesiástica, se traslada a Manhattan, donde vive en un
apartamento de su hermana casada, Frances. Comienza a soñar en conquistar
Broadway. Se matricula en una academia de cine, y se paga los estudios
haciendo trabajos eventuales, tales como de ascensorista en unos grandes
almacenes, pero lo dejó, declarando que la barahúnda de ropa
interior femenina la azoraba.
Llega a conocer a Elia Kazan,
quien reconoce el talento de Marlon Brando. A los 20 años,
ya consigue el primer éxito en Broadway y pronto alcanza la fama
de actor de gran idiosincrasia. Pero su eterna rebeldía le hace
abandonar las tablas, trasladándose a Europa y siguiendo estudiando,
hasta que vuelve a sus orígenes, al escenario, atraído por
el magnetismo del drama de Tennessee Willliams, "Un
tranvía llamado Deseo", que
todo el mundo intuía como obra maestra, incluso antes de que fuera
llevada a la escena. Brando se gana el papel de Stanley Kowalski
y la noche del 4 de diciembre de 1947, su personaje de rudo peón,
en conflicto permanente con su pacata cuñada, se gana la admiración
de crítica y público, lo que hace que la obra se mantenga
en cartel un año aproximadamente. Brando entra en el Actors
Studio, que había creado, entre otros, Elia Kazan, pero que
quedó bajo la dirección de Lee Strasberg. Allí,
junto a estrellas de primera magnitud, el mítico “Marlon del Cine”,
dejaba admirados, atónitos y expectantes a los otros miembros del
prestigioso estudio, con mayúsculas.
Lo demás, ya es historia...
verdadera, falsa, equivocada, enigmática, secreta o lo que el lector
desee.
Lo más cierto es que Marlon
Brando, poco después, debutó en la gran pantalla con
"Hombres".
Ya se había hecho inmortal.
(*) El movimiento bop fue la base
del jazz moderno y surgió en Kansas City y Manhattan sobre los años
30 y tuvo su auge durante dos décadas más.
J. Arroyo
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