ARTICULOS DE CINE Y SUS ESTRELLAS. ANIKA CINE.
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ANIKA CINE
ARTICULOS
de ANIKA CINE.
LUGARES COMUNES
Manuel Márquez |
No, no es mi intención hoy
la de hablarles acerca de esa magnífica película de Adolfo
Aristarain, muestra del mejor cine social, que tan aguda y certeramente
retrata los más señalados conflictos inter (generacionales,
culturales, financieros, oceánicos, etc...) que el pasado milenio
tuvo a bien legar al actual. No, no, ni muchísimo menos. De lo que
quiero hablarles hoy es de algunas de esas expresiones que, con mayor o
menor profusión y mayor o menor fortuna, han venido, y vienen, poblando
la literatura dedicada al cine (ese sucedáneo que, a falta de alimento
original, se ha convertido en sustento casi único de mi cinefagia:
así se explica el desaforado consumo que de él hago últimamente)
en estos tiempos que corren.
Éstos, que también
vienen a ser llamados tópicos, no constituyen, evidentemente, un
producto específico del mundo cinematográfico: cabe encontrar
los mismos en cualquier ámbito de la vida y la cultura. Y, además,
tampoco son elementos negativos, ni necesariamente empobrecedores de la
expresión verbal, por su intrínseca naturaleza: lógicamente,
en la moderación y propiedad de su utilización radica la
bondad o maldad de los mismos, y eso es algo que siempre queda a la capacidad
de acierto del usuario. Ah, y por supuesto, antes de que alguien me pueda
echar en cara el viejo aserto que hablaba de la paja en el ojo ajeno y
la viga en el propio, me apresuraré a declararme reo convicto y
confeso del uso (y, en ocasiones, abuso) de la práctica totalidad
de los mismos –hay alguno que, lo siento, se me hace imposible de usar,
tal es el grado de inquina ( y escepticismo) que contra él guardo-,
y no sólo en el pasado (para cuya verificación basta con
tirar de archivo), sino, muy probablemente, también en lo sucesivo:
avisados quedan. Y, sin más preámbulos, allá vamos:
Película lenta:
más habitual en la crítica profana que en la profesional,
cuando parecía que empezaba a acusar un cierto desuso, el auge festivalero
de algunas cinematografías orientales (especialmente, la iraní)
–al lado de las cuales las "películas lentas" europeas de "toda
la vida"(esos interminables tochos centroeuropeos de ilimitadas profundidas
metafísicas) parecen chutes de adrenalina pura- puede haberlo revitalizado
ligeramente. Dos curiosidades: es mucho más complicado oír
hablar de películas rápidas (y supongo que haberlas, como
las meigas, haylas) y la mayor amenaza para su supervivencia puede radicar,
sin duda alguna, en la tecla de avance rápido de los reproductores
de DVD (esa estratagema puede afectar a la banda de sonido, pero, a qué
engañarnos, las películas lentas, además de lentas,
suelen ser bastante calladitas).
Film de culto: años
y años de ateísmo militante para, buscando refugio en el
celuloide, terminar descubriendo que hay ciertas películas a las
que no basta con disfrutar y admirar, sino que, además, hay que
idolatrar, cual si de imágenes virginales se trataran. La expresión
gana mucho cuando se le intercala la coletilla "destinado a convertirse
con el paso de los años en...": adobar la pedantería con
unos toquecitos adivinatorios queda así, como muy molón,
aunque sería un ejercicio ciertamente fascinante el "tirar de la
lista" de los "films destinados a etc, etc..." de más de un crítico
de prestigio para comprobar, a la vista de cómo acumulan polvo en
la sección de saldos de cualquier videoteca, cuántos de ellos
estarían muriéndose de hambre si pretendieran ganarse la
vida con sus dotes de pitoniso. Ay, señor, señor...
Fallo de guión: éste,
como el mcguffin hitchcockiano, es el elemento del que todo el mundo habla,
pero sobre el que, a nada que preguntas nombre y número de teléfono,
nadie sabe dártelo. O sea, que muy bonito eso de hablar de fallos
de guión, para luego, puestos a concretar, ni fú, ni fá:
¿dónde está? ¿en qué consiste? Nada,
no hay forma. Y, ojito, el que esté libre de pecado, que tire la
primera piedra: ¿cuántas veces no nos habremos quedado dormidos
viendo una película y, antes que reconocerlo ante el compañero
de visionado, preferimos achacar las "incoherencias de la trama" a un "fallo
de guión"? Que la carne es débil, hermanos....
Western urbano: sin duda alguna,
mi "favorito". Si John Ford levantara la cabeza, supongo que no tendría
inconveniente alguno en secundar al exministro Trillo, porque, ciertamente,
es que manda huevos. Western urbano, western urbano: más vueltas
le doy, más absurdo me resulta. Y supongo que el muñidor
del invento debe andar loco de satisfacción, y con el ego hinchadísimo,
porque la expresión ha cuajado de una manera rotunda, y se hace
casi imposible encontrar, entre la crítica más "in", una
reseña que, al abordar el comentario de una película que
plantee las tribulaciones de un héroe solitario y concentrado debido
a conflictos éticos o de honor, no salte con la coletilla de marras:
"peaso" de western urbano. Eso sí, aún no existe ningún
crítico que haya acuñado la etiqueta de "western rural",
con lo cual, ya saben, si alguno de ustedes está interesado, ahí
tienen todo un filón por explotar ¿Mi único consuelo?
Como todo sarampión, éste también pasará; por
cierto, a ver si puede ser prontito, por favor...
Western crepuscular: otro
que tal baila… A diferencia del anterior, éste, en cuanto al calificativo,
es extensible a cualquier otro género (drama, comedia, etc...),
y, además, su grado de sofisticación conceptual es mucho
menor: basta con introducir en el reparto, dentro de los papeles protagónicos,
a algún intérprete que haya superado la sesentena, y ya tenemos
un "lo que sea" crepuscular. También manda aquello, pero, al menos,
hay que reconocerle una cierta sonoridad, y, desde luego, da el pego con
mucho menos riesgo de patinazo: a ver, si haces ahora un western con Clint
Eastwood, ¿quién te discute si eso no es, con fundamento,
un "peaso" de western crepuscular, ein...?
Testamento fílmico:
¿qué mejor para cerrar que un testamento, aunque sea fílmico?
Obviamente, no nos referimos a las millonadas que los herederos de Spielberg,
Lucas y otros de esa calaña pillarán a cuenta de las creaciones
de sus ilustres (y despabiladísimos) predecesores, sino a un concepto
mucho más sutil, más etéreo, más artístico.
También requiere un cierto cuidado en su uso; a ser posible, utilícese
sólo en el supuesto, de imposible refutación, de última
película de un director ya fallecido, con lo cual el margen de error
queda reducido a fosfatina –en caso contrario, corren ustedes el riesgo
de que les pase lo que a aquellos críticos que llevan ya veinticinco
años hablando del testamento fílmico de Manoel de Oliveira
cada vez que éste estrena una nueva película: me consta que
alguno, desesperado, ya se está planteando seriamente, antes de
arruinar más su reputación "rappelera", tomar medidas drásticas,
y tampoco es plan, vaya...-.
No están todos los que son (a
buen seguro que me dejo en el cibertintero más de uno y más
de dos –para los cuales ya habrá, cómo no, tiempo y ocasión-:
la poesía visual, el pulso narrativo, el envejecimiento de las películas...),
pero sí les puedo asegurar que son todos los que están. ¿O
no? En cualquier caso, no deja de ser un juego divertido su búsqueda
y localización y desde aquí les emplazo a que me hagan llegar
los suyos, y los comentarios (a buen seguro, muy jugosos: es lo que tienen
los topicazos, que suelen estimular la imaginación y la retranca)
que les sugieren. Todo un placer.
Manuel Márquez
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