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de ANIKA CINE.
LOS SOPRANO. El triunfo de lo políticamente
incorrecto
Victor Clavijo |
Las series políticamente incorrectas
triunfan. "Los Simpson", "South Park", y, recientemente, "Los Soprano",
son clara prueba de ello. Las televisiones, al menos en otros países
que no son el nuestro, apuestan cada vez más por argumentos que
no son del gusto de todos los sectores de la audiencia. Y el éxito
de estas series corrobora la idea de que un producto no necesariamente
amable también triunfa. Gracias a Dios. Y gracias al cielo que de
una vez por todas la tendencia de unificar a todos los sectores del público
(mayores, jóvenes y pequeños, gente de derecha e izquierda,
ateos y beatos, hombres y mujeres…) alrededor de un producto que "a nadie
ofenda y a todos guste" empiece a ser historia.
Tomemos el caso de "Los Soprano".
Hace unos años era inimaginable que un productor apostase por una
serie en la que el protagonista, al que vamos a ver todas las semanas y
con el que se pretende que empaticemos (aunque no necesariamente simpaticemos),
fuese un mafioso al que vemos alternativamente desempeñar su oficio
de matón y enfrentarse a los problemas cotidianos que su otra familia
(la sanguínea) le ocasiona. Un hombre al que llegamos a entender,
en cuyo pellejo nos ponemos, con el que reímos y lloramos. O sea,
la glorificación del villano en el mundo de los seriales de televisión,
un mundo que nos tenía acostumbrados a héroes que no se podían
permitir ciertas debilidades del alma por no desagradar a la audiencia.
Con "Los Soprano", el héroe no es un hombre necesariamente "amable":
es corrupto. Y aunque esto no nos suene a nuevo en el mundo del cine (todo
el género de cine negro desde "El Padrino" consigue que el público
ame a estos villanos), sí es un logro que ocurra en la televisión.
Y una bendición, por otro lado.
Acostumbrados como estábamos
hasta hace poco a que la televisión americana nos importase criterios
argumentales bastante conservadores (que en este país hemos adoptado
como dogma de fe), series como "Los Soprano" suponen un paso adelante.
No se trata de glorificar el crimen organizado. El logro de la serie está
en romper ciertos tabúes, ciertas reglas morales que en el cine
se habían superado hacía tiempo, pero no en la televisión.
Los malos también pueden ser los protagonistas y lo políticamente
incorrecto es, a veces, sinónimo de éxito. Una lección
para los que no se atreven a arriesgar por temor a perder audiencia.
Víctor Clavijo
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