ARTICULOS
de ANIKA CINE.
EL CINE AMATEUR HA MUERTO
Dani Farriol |
Está afirmación puede
resultar excesiva para muchos, pero es la conclusión a la que he
llegado después de siete años siendo un cineasta amateur.
Con la llegada del vídeo doméstico a los hogares de muchos
cineastas, aprendices de cineastas o cinéfilos con ínfulas
realizatorias, apareció una nueva generación de gente que
tenía la posibilidad y la facilidad de rodar (o grabar para los
puristas) con esas manejables cámaras, de una forma económica,
libre e independiente. Muchos se pusieron las manos a la cabeza, ya que
cualquiera (con conociminentos, ideas, cultura cinematográfica o
carente de todo ello) podía realizar su peliculita y pasar por ser
un director de cine amateur y encima sin que nadie censurara o controlara
esos trabajos al no tener la obligación de realizarlos a través
de los embudos de las productoras o con gente pretendidamente profesional.
El único problema era la baja
calidad de los aparatos grabadores de aquel momento, pero en poco tiempo
se produjo un enorme boom a todos los niveles. La industria del vídeo
comenzó a bajar precios y sacar productos semi-profesionales de
gran calidad a precios económicos, la tecnología y la informática
avanzaban tan rápido que cualquiera podía montarse un pequeño
estudio de edición en la habitación de su propia casa. Todo
eso provocó que surgiera un generación de videoastas que
tenían la oportunidad de realizar cine con presupuestos ridículos.
La ley de la oferta y la demanda
hizo que ese crecimiento de cineastas que dejaban de lado los formatos
cinematográficos, provocara un crecimiento inusitado de festivales
de cine donde se apoyaba los formatos amateurs con premios en metálico,
a menudo con subvenciones de ayuntamientos y estamentos públicos
que encontraron un manera de publicidad y promoción en esos festivales
para atraer turismo, de modo que cualquier pequeño pueblo perdido
en la geografía española disponía de su festival de
cine, algo que debido a la mala organización de la mayoría
de estos eventos resultaba contraproducente ya que ni conseguían
atraer público de otras regiones (muchas veces las proyecciones
se efectúan con la sala vacía de público) ni te quedaban
ganas de volver si habías ido con la ilusión de mostrar tu
trabajo a gente de otros lugares cuando descubrías que ni siquiera
la gente del lugar conocía la existencia del festival (recuerdo
una vez en Vitoria que proyectaron varios cortos y se dejaron la puerta
de acceso a la platea cerrada con llave, de modo que la poca gente interesada
en entrar a ver los cortos no tenía siquiera acceso a ellos si no
tiraba la puerta abajo...).
Pero, todas esas cosas son, al fin
y al cabo, normales, puesto que estamos hablando de cine amateur, gente
que no sale en los periódicos ni en los programas de televisión.
El problema llegó después cuando para atraer más la
atención de la gente y los medios, los festivales pretendidamente
amateurs se han ido reconvirtiendo en festivales que sólo acogen
cortometrajes hechos por profesionales y escuelas de cine, dejando a un
lado a los antiguos videoastas amateurs que realizan sus trabajos de forma
independiente y sin presupuesto ni ayudas de ningún tipo.
Se ha llegado a un extremo en el
que se puede asegurar categóricamente sin miedo a equivocarse que
el cine amateur ha muerto, ya no vende lo hecho sin recursos, sino lo grandilocuente,
lo técnicamente perfecto, los cortos realizados en 35mm. y pasados
a vídeo (subvencionados a poder ser y con presupuestos de 4 o 5
kilos de las antiguas pesetas), los trabajos de escuela hechos con todo
tipo de facilidades (material incluido) y si encima alguno de los protagonistas
es alguien famoso (sea actor o famosillo haciendo sus pinitos actuando
delante de cámara), el corto tiene su puesto asegurado entre los
seleccionados ya que eso son cosas que dan prestigio a los festivales pequeños,
incluso a costa de incumplir sus propias bases de participación
(hace un par de meses un conocido festival de video hizo caso omiso cuando
se le demostró que varios de sus cortos seleccionados incumplían
las normas puesto que se trataban de cortos profesionales realizados en
cine, cosa que estaba terminantemente prohibido).
Leído esto puede parecer una
pataleta de un cineasta mediocre o una rabieta de alguien que no sabe perder.
Tal vez sea así. Han sido siete años llevando con orgullo
la ingrata etiqueta de cineasta amateur, a partir de ahora seré
un cineasta a secas, eso no me lo puede arrebatar nadie puesto que se trata
de un sentimiento tatuado en mi corazón.
Dani Farriol
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