ARTICULOS
de ANIKA CINE.
ABRE LOS OJOS
David Pelegrín |
Sé que ya he hecho comentarios
en otras ocasiones sobre esta película de Amenábar;
pero he caído en la tentación de hacerlo una vez más,
eso sí, a lo grande; con todo mi tiempo dedicado sólo a ella,
pues pienso que bien lo merece.
César (Eduardo Noriega,
magnífico en su interpretación de un personaje muy complicado
y con muchos matices) es un joven que está a punto de cumplir veinticinco
años. Es huérfano, y también rico, posee múltiples
negocios en la hostelería heredados de sus progenitores. Le gusta
comer, dormir, hacer el amor... Y además es guapo y se desenvuelve
muy bien con las mujeres, pero el transcurso de su vida va a cambiar en
su fiesta de cumpleaños... Pelayo (Fele Martínez),
su mejor amigo, acude con Sofía (Penélope Cruz), chica
de la que está enamorado. César tiene una amante Nuria (que
da vida una muy inquietante Najwa Nimri), que también asiste
pese a no estar invitada, esto no será impedimento ni tampoco su
amistad con Pelayo para que trate de ligarse a Sofía, que le gusta
nada más verla. Tras pasar una romántica noche en el piso
de ella, sube al coche de Nuria, que le ha seguido hasta allí, y
ésta provoca un accidente en el que muere mientras que él
se desfigura la cara, y cambia su vida.
Es curioso cómo una decisión,
por pequeña que parezca puede cambiar el transcurso de nuestras
vidas en un abrir y cerrar de ojos. Puede llamarse casualidad, destino
o como se quiera pero el libre albedrío que poseemos, ligado a las
decisiones que toman los demás y que nos afectan y también
a sucesos eventuales que llegan hasta nosotros, juegan un papel decisivo
e importante a la hora de configurar eso que llamamos nuestra realidad.
¿Qué es la felicidad?
Esta pregunta se realiza varias veces, para mí estar contigo responde
Nuria, quizás sea esos momentos cotidianos que pasan desapercibidos
y que luego añoras, contesta el psicólogo (encarnado por
un estupendo Chete Lera, que aporta un punto humano a la trama muy
necesario) que le asiste, (César está en un centro psiquiátrico
acusado de asesinato) Está claro que nuestro protagonista disfrutaba
de una vida cómoda y placentera, de la cual descubre ahora su verdadero
valor. Esto nos sucede a todos, ¿cuántas veces hemos reconocido
el valor de las cosas sólo tras perderlas? ¿Cuántas
veces añoramos la presencia de alguien cuando ya se ha ido?
César, antes apuesto y bien
parecido, ya no se puede mirar al espejo, pues éste es cruel e implacable
y le devuelve una imagen desfigurada y horrenda en la que no se reconoce,
así que decide hacerse la cirugía estética, para recuperar
su imagen. Pero su piel es una cicatriz, y los médicos responden
que lo que solicita es imposible de realizar. Pero tienen una solución
para casos como el suyo; la esperanza se desvanece cuando comprueba que
lo que le ofrecen no es más que una máscara... una vulgar
careta. Todos llevamos máscara de una u otra manera, mostramos a
los demás una versión diferente en muchos casos de lo que
quisiéramos, unas veces es necesario, pero hay un punto que no se
debe rebasar, un punto de no retorno. Cuando nos escondemos detrás
de la careta, nos traicionamos a nosotros, y puede llegar un punto en el
que no diferenciemos que yo es nuestro yo verdadero si es que esto existe.
César, ahora con careta, pese a haberla despreciado en un primer
momento, no comprende que él es mucho más que lo que refleja
su rostro, o su ropa, su dinero o sus pertenencias, que su esencia no está
en el reflejo del espejo, sino en su interior; pero dile eso a la gente
que aparta su mirada cada vez que se cruzan con él por la calle,
es cierto, pero el primer paso para que te acepten los demás es
aceptarse uno mismo.
Tiene mucha razón en una cosa,
a saber; en nuestra cultura hay un exagerado culto a la imagen, al cuerpo;
parece ser que si no estás dentro de unos cánones de belleza,
de moda o como quiera llamarse, eres menos que los demás, y esto
lo que provoca son enfermedades terribles como la anorexia, frustraciones,
complejos de inferioridad y otros malos compañeros de viaje. Esto
se puede parar, y el camino empieza por nosotros, consiste en saber apreciar
lo importante y dejar de lado los superfluo, y en no tener prejuicios contra
ningún ser humano por el aspecto que tenga.
Otro punto muy interesante es su
relación con Pelayo. En un principio pensamos que son buenos amigos,
pero le traiciona a las primeras de cambio cuando aparece Sofía
en escena, y más tarde; después del accidente es Pelayo quien
es indiferente ante sus sentimientos. Lo suyo es una amistad de boquilla.
Representan su papel en la función, que resulta ser toda una farsa.
Pero ocurre algo inesperado, de repente
Sofía vuelve con él, y poco después los médicos
le restauran el rostro. Todo parece ir viento en popa; pero de repente
Nuria aparece en su cama en lugar de Sofía, y aquí comienza
un nuevo via crucis que no voy a desvelar para el que no lo haya visto.
En un momento dado, cuando se está
empezando a descubrir la trama (montada con unos saltos temporales excelentes)
en una secuencia en un bar que es antológica, un personaje replica
a César que su propio infierno se lo ha creado él mismo.
Y así sucede, tristemente en mucho casos, que el peor enemigo, el
que nos pone más zancadillas, trabas e impedimentos no es otro que
¡nosotros mismos! Muchas veces me he preguntado por qué...
comodidad, fracasos anteriores, complejos de inferioridad... no lo sé.
Pero hay que tener afán de superación, y combatirnos contra
nuestros miedos, pues sólo es valiente quien conoce el miedo.
Hay que destacar la excelente dirección
de Amenábar, uno de los grandes talentos del cine español,
de quien espero ansioso Mar adentro, su próximo trabajo.
Quedan para la memoria secuencias como la del parque del retiro, la citada
antes del bar, la de la cama con Sofía y Nuria, la de la azotea
del edificio..... y la escena homenaje a vértigo de Alfred Hitchcock
con la reaparición de Sofía, por cierto guarda algunas similitudes
con ésta, sobre todo con el gran ambiente onírico.
Abre los ojos será
considerado como uno de los grandes clásicos de nuestro cine, una
obra de culto, una obra maestra, tiempo al tiempo.
David Pelegrín
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